Volví el viernes de Buenos Aires, y ya descansado de las 20 horas entre los dos aviones y la espera intermedia, quería apuntar un par de impresiones adicionales de este último viaje.
Si Buenos Aires siempre tuvo un aire de caos bajo un tenue control, debo decir que a esta altura toda sensación de control posible se está perdiendo. Este último año anduve un poco por el mundo y uno siempre tiene esa respuesta emocional con algunas ciudades que le recuerdan sentimientos y aspectos de Buenos Aires. No me pasa en ninguna ciudad de Estados Unidos – la diferencia es demasiado grande. Pero Berlín me recordó a la Buenos Aires de los años 70 y principios de los 80, con una melancolía por sobre todas las cosas. Atenas, después, me recordó a la Buenos Aires de los 90, caos en crecimiento optimista. Pero esta visita me preocupa, porque lo que ví en Buenos Aires me recordó a otra ciudad que vi este año: Bangalore.
Si bien no llega a los niveles de caos urbano que demuestra Bangalore, hay varias impresiones que van hacia ese lado. Primero que nada, el tráfico y la polución están llegando a niveles inmanejables. Sentado en la General Paz el jueves a la tarde por más de dos horas, tratando de llegar de Belgrano a Ezeiza, y aspirando el nivel increíble de contaminación de los escapes me recordó a tantas noches sentado en mi auto en Bangalore, tratando de volver al hotel. El ruido visual de la ciudad, por otra parte, es peor de lo que se ve en la India; con avisos en toda superficie posible. Y el nivel de pobreza me resulta preocupante: no se está mejorando en la medida que pregona Kirchner, por más que a nivel macro los números den mejor, y la cantidad de villas y asentamientos ilegales visibles al pasar va creciendo.
Pero la otra sensación en que Buenos Aires se me acercó a Bangalore fue en la impotencia. En toda ciudad que visito, me ataca este juego mental: ¿si fuera intendente, que es lo que mejoraría? Y tanto en Buenos Aires como en Bangalore, la respuesta se me hace tan grande que me resulta difícil de atacar. ¿Comenzamos por controlar la polución? ¿ o quizás por forzar la descentralización de la ciudad hacia otros puntos del país? (En el espejo retrovisor, la idea de Alfonsín de mover la capital federal al sur me parece que era visionaria. Desgraciadamente Alfonsín no tuvo la capacidad de liderazgo para explicarla de manera coherente). ¿Qué hacemos con la cantidad de pobres que existen en las calles – si sacamos los asentamientos dónde ponemos a toda esta gente? ¿Cómo resolvemos el tráfico? Y, por sobre todo, ¿existe en Argentina un verdadero estadista que no piense sólo en el corto plazo, como para resolver las cuestiones de fondo?
Porque una cosa se me hace notoria: ninguna solución va a suceder sin dolor. Y en esto me parece que vamos a encontrar el peor obstáculo – como siempre son los mismos 20 políticos los que se postulan, ninguno va a querer ser el que cree un nivel de recesión o freno en la ciudad, en luz de sus propias ambiciones. Estuve discutiendo esto con una amiga sobre lo que nos parece Macri será capaz de hacer: su posición era de que con sus ambiciones presidenciales, Macri va a tener que hacer cambios en serio para llegar al nivel siguiente; mientras que mi cautela un poco cínica me hace pensar que quizás haga los cambios cosméticos que le permitan ordenar la situación a un nivel manejable, pero no los de fondo que harían que Buenos Aires sea otra en 20 años. Una solución para Buenos Aires va a requerir decisiones duras y concertadas con la Provincia.
La primera me parece es decidir cuál es el tamaño manejable para la Ciudad y el GBA en conjunto: no se puede seguir en la ilusión de que Buenos Aires puede crecer indefinidamente. Y mientras decidimos esto, es necesario frenar toda construcción que genere mayor densidad en la mayor parte de la ciudad. La explosión de torres es el peor ejemplo del cortoplacismo argentino: ingresos de construcción para hoy, pero una pesadilla a 40 o 60 años y un cambio irreversible a la fisonomía porteña. Entonces es necesario frenar mientras por el siguiente año planificamos como seguir adelante. Y esta planificación quiere decidir qué cosas vamos a seguir haciendo en la Capital y qué cosas no: cierto tipo de industrias y actividades tienen que moverse de la Ciudad a una distancia no ya de 30 km sino de 600, ó 1000. Es en esto que el mover el Gobierno Federal hubiera sido un buen comienzo, porque es algo que el Estado controla y puede hacer con sus fondos. Lo mismo debiera ocurrir con toda industria pesada y polucionante, y con otras actividades – y en ello debiera trabajar el gobierno Federal, construyendo infraestructura (carreteras, aeropuertos, comunicaciones, hospitales, escuelas) en otros puntos del país y comenzar a mover industrias a esos puntos en correlación con la Ciudad. Este cambio es el que no creo que Macri tenga la columna para soportar, y el enfrentamiento con el gobierno de Kirchner no ayuda.
Por otra parte hay cientos de otras cosas que si podrá hacer: el detener construcciones es algo que puede hacer por su cuenta, mal que les pese a los propietarios que quieran construir edificios. Mejores controles del parque automotor son posibles para conseguir mejoras en polución y tráfico (camino a Ezeiza cruzamos más de 15 autos parados con problemas mecánicos, con las consiguientes demoras. Los autos que no están en condiciones de circular sin polucionar simplemente deben ser quitados de las calles). La polución visual es algo totalmente atacable con un nuevo código que impida cualquier cartel que salga más de un par de metros de la línea edilicia. El registro con puntos debiera hacerse valer, y multas de mucho valor debiera ponerse a quien circule sin registro, o a quién bloquee una intersección por largarse a cruzar en amarillo sin lugar del otro lado, o a quien estacione en doble fila o se pase del tiempo en el parquímetro. Y todos los lugares que se recuperen (sean las Bodegas Giol, o el regimiento de Patricios en Pacífico, o cientos de otros lugares que se planea decomisionar) debieran ser dedicados a parques públicos o a lugares de acceso general (por ejemplo, darle un hogar al Museo de Arte Moderno) y no a edificios comerciales o particulares.
En fin, mucho por hacer. Las ONG y organizaciones de consumidores pueden hacer valer su fuerza en esto, aunque es difícil hacer llegar a la población la importancia de estos cambios cuando todo el aire televisivo se encuentra abocado al nivel más bajo de entretenimiento. Pero es posible. Aunque va a ser muy difícil.
Technorati Tags: buenos+aires, impresiones, cambios, polucion, edificacion