Muchas opiniones en los diarios de hoy, luego de los hechos de ayer en relación con el paro del campo. Lo que sorprende, y bien, es que muchas de estas opiniones son balanceadas.
Tomemos por ejemplo el editorial de La Nación de hoy, un diario que históricamente está del lado de los derechos del campo. Y en su editorial el repudio a la nueva política de retenciones es claro - pero también es clara la condena al corte de rutas por parte de los productores, algo que ya señalaba ayer aquí, así como un llamado a empezar la conciliación de parte del Gobierno:
“Tiene importancia relativa si en esta oportunidad quienes han vulnerado el derecho de libre tránsito y otros derechos constitucionales, como el de trabajo y el de comercio, lo han hecho desprovistos de palos y de otros elementos intimidatorios que suelen anonadar en las calles a los porteños desprevenidos. O si aquellos manifestantes han prescindido del enmascaramiento que, por otra parte, es de acompañamiento habitual en la comisión de delitos de grave entidad o en el actuar natural de gente del hampa. Lo esencial ha de ser siempre el concepto de que ninguna protesta, por fundada que esté, puede afectar el desenvolvimiento ordinario de la sociedad.
[…]
La legitimidad de la protesta, la fuerza moral que la asiste, debe abrir paso a un clamor por el diálogo, por esa misma búsqueda de la conciliación y el consenso al que el gobierno se ha negado con la oposición y con la Iglesia, muchas veces hasta a hacer de aquella renuencia una absurda política de Estado. Ningún derecho de terceros, ninguna libertad individual ni bienes inmateriales o materiales a disposición de los miembros de una sociedad encuadrada según la Constitución Nacional en una democracia republicana, pueden ser lastimados por la protesta. Por lo que anoche se vivió en esta ciudad y en muchas otras del interior del país esta es la hora de la palabra inclusiva, conciliadora, y no la de la palabra que suscite, más allá de la intención con que se la formule, más enfrentamientos de los que hay entre argentinos.”
Eduardo Van der Kooy también reparte culpas por ambos sectores, aunque en su caso más con nombre y apellido (La Nación tiende siempre a alivianar sus argumentos a través de la tercera persona neutra), y pide un poco de humildad de parte del Gobierno:
“Sucedió ayer en el grave conflicto entre el Gobierno y el campo lo peor que podía suceder. De uno y otro lado se derramó combustible sobre el fuego que arde hace ya catorce días. Cristina Fernández desaprovechó, otra vez, una oportunidad inmejorable para intentar conducir este pleito de una manera distinta a la que caracterizó siempre a Néstor Kirchner. Desaprovechó, además, otro par de cosas: rastrear alguna salida que no tenga sólo parentezco con la obstinación; ensayar un apaciguamiento con un lenguaje más cordial -el tono lo fue- y con ciertas referencias menos provocativas.
A la dirigencia rural también le cabe en el presente agravamiento su cuota de responsabilidad. Parece haber resignado el liderazgo de la protesta para convertirse en furgón de cola de los manifestantes más rebeldes. No pudieron evitar que los piquetes, muchos cargados de tensión, y los cortes de ruta se multiplicaran. Debieron dar señales manifiestas de que el diálogo con el poder estaba interrumpido. Desbordados por la presión, decretaron el paro por tiempo indefinido apenas dos horas antes de que la Presidenta hiciera su reaparición pública.
[…]
¿Cómo seguirá el conflicto? Resulta difícil saberlo aunque las proyecciones serían escasamente optimistas si se analizan las conductas de ayer de los actores principales. No le resultará sencillo a los dirigentes rurales sostener una huelga por tiempo indefinido. No será gratuito para Cristina aferrarse únicamente a la confrontación. Quizás le valga atender la experiencia de su amiga, Michelle Bachelet. La mandataria chilena enfrentó una crisis con el transporte -a raíz de una decisión equivocada- que desgastó sus primeros meses de gestión y convocó el malhumor de los chilenos. Intenta volver del infortunio con correcciones y humildad.”
Lanata, un hombre de la izquierda que uno esperaría más alineado con los Kirchner (aunque es claro que Lanata no se alinea con nadie de un tiempo a esta parte, y viene sonando una nota de escalado cinismo), pone la sorpresa, declarando la mayor parte de responsabilidad en Cristina por apegarse a un relato armado, en vez de mirar a la realidad de los argentinos:
“La frase del jefe de Gabinete fue un excelente resumen de la posición del Gobierno para los próximos días: son “ellos” (el campo, los que “quieren”) los culpables del imparable desabastecimiento contra “los argentinos”. El campo, claro, es extranjero. Y está a dieta o, en el peor de los casos, podrá morder algunos pastos para alimentarse. Lo importante –como pudo notarse tantas veces en el discurso de la Presidenta– no es la realidad sino “el relato”, de modo que la manera de ganar la guerra gaucha será insistir con el relato del grupo de millonarios pasando por encima al pueblo con sus 4 x 4 (iba a decir como Varizat, pero mejor lo dejo para otra ocasión).
El “relato” llega, incluso, más allá: el domingo el Boletín de Adoctrinamiento Oficial (antes llamado Página/12) comenzó su nota de tapa afirmando que “La medida de fuerza de la Sociedad Rural con el apenas disimulado propósito de desabastecer de alimentos a las grandes ciudades, y el persistente aumento de precios son dos caras complementarias de la puja distributiva y plantean el mayor desafío del poder económico al sistema político y a las clases subordinadas, desde el paro de la Asamblea Permanente de Entidades Gremiales Empresarias de febrero de 1976, que desembocó en el golpe del que mañana se cumplen 32 años”. Traducción rápida para el lector civil: “El campo encabeza un golpe de Estado”. El boletín de referencia omite a la Federación Agraria y todo tipo de espontáneos que son seguramente vistos por el Gobierno como idiotas útiles.”
En una cosa tiene razón Lanata – Página/12 de un tiempo a esta parte ha perdido toda capacidad de crítica con los Kirchner, y viene sonando cada vez más como una versión local del viejo Pravda ruso. La nota de Mario Wainfeld claramente se pone del lado de Cristina y su política económica, e insinúa nuevamente que los dirigentes rurales son golpistas (o, cuando menos, que “utilizan herramientas históricamente golpistas”, vaya la diferencia) pero eso no impide que se empiecen a notar algunas fisuras con el estilo K:
“Así las cosas, en la lectura de este cronista, en su sesgo general, el Gobierno tiene razón en defender las líneas maestras de su política económica que fue convalidada por un margen amplio en las elecciones de octubre pasado. Pero algo faltó.
A Cristina Fernández de Kirchner le faltó algo que es una larga carencia de su fuerza. Matizar al adversario, predisponer una salida conversada. No ceder a las presiones es un principio básico de gobernabilidad, indeclinable. No es sensato suponer que un gobierno naciente se permita burlar esa bolilla uno.
Pero el Gobierno todo (y la Presidenta) ayer descuidó condimentar su gobernabilidad con uno de los mandatos del sistema democrático: mantener instancias de negociación permanente con todos los sectores, incluidos los díscolos. Cristina Kirchner, puesta a confrontar con quienes la habían desafiado, descuidó diferenciar a su interior a los “grandes” de los “pequeños y medianos”. Y abrir una ventana pública para salir de la pura confrontación.”
Nota aparte para la contradicción interna en Página/12 – mientras por un lado Wainfeld morigera diciendo que pintar la confrontación como algo entre peronistas y anti-peronistas, o trabajadores y patrones, Alfredo Zaiat publica una pequeña nota en la misma página culpando entre otras cosas al “capital” y la “patronal” Los años 70 están vivitos y coleando en Página/12.
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