1/10/07

La crítica de libros en Argentina

El director editorial de Sudamericana, Pablo Avelluto, publicó una nota en ADN Cultura la semana pasada que me parece valiosa. En ella, protesta que las críticas de libros debieran ser más como las críticas de cine, una guía al lector sobre si un libro es bueno o no, o si debiera comprarse o no:

Las reseñas de libros, en cambio, son otra cosa. Pero, ¿son otra cosa? Los comentarios bibliográficos suelen ser, a diferencia de sus vecinos de suplemento, mucho más ambiguos, vienen con un “no-se-qué” de austeridad en el uso de adjetivos contundentes. Acaso alguien recuerda haber leído algo así como “este libro es muy malo y decepciona al lector desde la primera página. Olvídelo”, “Fulanito escribe bien, pero en la página 142 su libro no se sostiene y uno se ve obligado a apagar el velador” o “un policial imperdible de ritmo electrizante con excelentes personajes”.

Es cierto que toda crítica debiera ser un servicio al lector – pero donde me parece que Arellano le pifia es en el tipo de servicio que la crítica debiera poseer. Una buena crítica, sea de libros, discos o cine, no es una recomendación comercial de si vale la pena pagar 30 pesos por el contenido: lo que sí debe hacer es darle al lector una manera de entrar en la obra, un ángulo para comprenderla en sus propios términos. Es ahí donde ya he dicho hasta el cansancio que las críticas de cine en Argentina son, en realidad, deplorables: la mayor parte de las veces - salvo algunos escritores de El Amante, o publicaciones similares - los críticos de cine de los diarios argentinos se mantienen en el básico recuento de los rubros del film (bien o mal filmado, actuación, etc.; los cuales se van volviendo cada vez más irrelevantes porque existe un mínimo nivel que casi todos los filmes mantienen) y si el filme es entretenido o emocionante. Lo que sería más interesante es precisamente levantar la obra como un prisma al sol, considerarla en el contexto de otras obras o eventos cercanos y ver si en lo que intenta tiene éxito o no. Por supuesto que esto es totalmente subjetivo, y por ello decir que algo es bueno o malo de manera absoluta es imposible. Pero al menos logra que aquel que vaya a mirar el filme se quede discutiendo sobre si la crítica era válida o no, y elabore su propia visión a partir de ahí.

Algo parecido debiera hacer la crítica de libros, que en Argentina es un poco mejor que la de cine porque al menos se abstiene de dar un fallo absolutista de mercado (compre, no compre). Lo cual no implica que no sea fallida. Lejos de ello. Existe, y en esto coincido con Avelluto, una tendencia a cubrir sólo los libros más oscuros y supuestamente intelectuales: algo así como considerar la crítica una prueba del gusto e intelecto del autor. Vean como ejemplo cualquier ejemplar de la misma ADN Cultura y se van a dar cuenta de esta tendencia. Y en verdad esto no es representativo del lugar de los libros en la vida diaria: sería como extrapolar la realidad política simplemente a partir de examinar uno sólo de los partidos, y para colmo el que tiene el 2% de los votos. No tiene sentido. Ahí es donde el editor de estos medios debiera entrar y simplemente repartir tareas, incluyendo las críticas a libros de la categoría “best sellers”, mal que le pese a alguno. Y de las contraposiciones de algún crítico más intelectual y una obra de mercado, quizás saldría algo interesante en la crítica.

Finalmente, una preocupación: que a Avelluto (director editorial de una de las principales editoriales del mercado) le gusten más las críticas de cine, que en su conjunto están escritas de una manera pavorosa, sin estilo que las identifique, me da algo de resquemor por el futuro de nuestras publicaciones. Quizás sea el daño colateral de tantos años publicando a Danielle Steel y Robin Cook.

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18/2/07

Aquí no eres un extraño (Adam Haslett, 2002)

Aquí no eres un extraño
Hace mucho, pero mucho tiempo que no sentía ganas de llorar leyendo un libro – así que no es poca cosa decir que en algún momento de muchas de las nueve historias de este libro de Adam Haslett se me llenaron de lágrimas los ojos. Una colección centrada en las incomprensibles vueltas de la mente humana y la angustia que una enfermedad mental crea en aquellos que la sufren y en sus familias, cada relato tiene una precisión metronómica y una economía de lenguaje envidiable y casi cada uno de ellos lleva una carga emotiva difícil de narrar. Desde el primer relato, “Notas para mi biógrafo”, en que un inventor bipolar decide visitar de repente a su hijo en Venice Beach; pasando por los hermanos co-dependientes de “Devoción” (una de mis historias favoritas de este libro), el suicida de “El fin de la guerra” que recibe un poco de tranquilidad en consolar a otro enfermo terminal, o el niño que ve un futuro poco feliz en “Premonición”; todos los personajes de esta colección son casi indelebles en la memoria.

La única historia que me pareció un poco pintada a trazo grueso fue “Reunión”, acerca de un oficinista que está muriendo de SIDA y decide no atacar su enfermedad para reunirse con su padre ya muerto. Y párrafo aparte merece la historia más difícil de esta colección, “En el principio del dolor”, que logra generar empatía de una situación límite. Altamente recomendable.

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19/7/06

The Lemon Table (Julian Barnes, 2004)

The lemon table
Una serie de meditaciones sobre el envejecer y la muerte en 11 cuentos, “The Lemon Table” (“La mesa limón”, en la traducción al español lanzada por Anagrama) tiene varios puntos altos, y también algunos otros bajos.

Primero que nada, me llevó un par de meses terminar esta colección, quizás en parte por la temática, y en parte por mis problemas de tiempo en estos días; pero de todos modos no sentí la urgencia por terminar este libro que me da con otros. Por cada historia que toca una cuerda íntima (“La historia de Mats Israelson”, con su amor inconcluso; “Higiene” con su ritual anual interrumpido o la epistolar “Sabiendo Francés”, un genero que Barnes maneja con una solidez extraordinaria); hay otra historia sin lustre (“Vigilancia”, un cuento del que - a pocas semanas de haberlo leído – no recuerdo nada; “El Silencio”, un recuento de notas apócrifas de Sibelius en sus últimos años que no alcanza la resonancia emocional necesaria). El ritmo y la voz cambia de historia a historia, y en esto se nota la mano segura de Barnes – un autor de menor categoría optaría por una transición más reconocible. Pero aún así no puedo recomendar este libro como uno de sus mejores – sigo prefiriendo “Hablando del asunto” o el magistral “Una historia del mundo en diez capítulos y medio”.

Si lo encuentran en una biblioteca, vale la pena por los cuentos mencionados, pero considerando el precio de un libro de Anagrama por estos días, recomiendo comprar algún otro libro.

18/2/06

Monkeyluv, and other essays of our lives as animals (Robert Sapolsky, 2005)

Monkeyluv
Si ustedes tienen un interés, aunque sea pasajero, en la biología humana pero no son ajenos a cosas más mundanas como ser la lista de las 50 personas más bellas de la revista People, “Monkeyluv, and other essays on our lives as animals” (algo así como “Atracción de Monos, y otros ensayos sobre nuestras vidas desde el punto de vista animal”) es un libro revelador. Accesible al punto de hacer que Carl Sagan parezca complicado, Robert Sapolsky (biólogo de la Universidad de Stanford, estudiante de primates, entre otros creditos) compila en este libro una serie de ensayos que ya publicara en revistas tan diversas como Natural History, Discover, The New Yorker y Men’s Health.

Uno sabe de entrada que Sapolsky es más que talentoso (incluyendo un subsidio de la fundación MacArthur y una serie interminable de subsidios a la investigación y premios), pero jamás me hubiera imaginado que fuera tan, pero tan simple de leer, gracioso e iluminador. Como ejemplo, baste la apertura del ensayo que da titulo al libro, que habla sobre la atracción sexual entre los babuinos y la adaptación evolutiva. El ensayo comienza:

“A ver, tengo terribles noticias para el 99 % de nosotros que nunca estaremos en la lista de las 50 personas más bellas del mundo de la revista People… Estas noticias son tan terribles que hasta ha logrado ser historia de tapa en Newsweek. Pero primero, un chiste de marcianos.”

El tono coloquial se mantiene en buena parte del libro (sobre todo, por supuesto, en las piezas que aparecieran en revistas más masivas como Discover y Men’s Health) y nos ayuda a entrar en lo que pueden ser discusiones bastante profundas sobre la genética, su interacción con el ambiente, como afectan nuestros cuerpos a nuestras mentes y la cadena evolutiva. Dividido en tres secciones, cada una con un foco diferente (“Los genes y quiénes somos”, “Nuestros cuerpos y quiénes somos” y “La sociedad y quiénes somos”), Sapolsky logra convencer bastante fácilmente sobre los alcances de la biología sobre todos los aspectos de nuestras vidas y nuestra percepción de ellas. Si esto les parece obvio, les diría que no lo es: baste leer una pieza liviana sobre la razón biológica por la cual cada vez que terminamos una discusión de pareja empezamos otra sobre algún tema olvidado, o el placer que nos provoca la anticipación de algo bueno por venir, para darse cuenta que estas son cosas que uno no sabe pero debiera saber, y que buena parte de nuestras respuestas concientes tienen un condicionamiento biológico y ambiental por debajo. Como agregado, debate sobre los alcances de la genética (influencia pero no determina, y es poco y nada sin considerar el ambiente con que interactúa), los diferentes imperativos biológicos de uno y otro sexo, por qué cierto tipo de ecosistemas promueven civilizaciones politeístas y otros hacen que los seres humanos se vuelquen hacia el monoteísmo, y cual es la razón que al envejecer nos dejan de gustar las cosas novedosas. Una pieza sobre el estrés post-traumático logra conmover hacia el final, otra sobre el síndrome de Munchausen by Proxy nos puede dejar helados. Excelente libro.