Si las películas representan - aunque sea de manera infinitesimal - a las sociedades que las crean; entonces debiera llamar la atención que en apenas tres semanas hayan abierto dos filmes de cierto calibre, enfocados al público adulto, en que el sentimiento central es la venganza. Estos filmes, en general, surgen en momentos de confusión o de descreimiento en las instituciones: véase el ejemplo de “El Vengador Anónimo” o “Harry el Sucio” cuando despuntaba el final de la guerra de Vietnam y en pleno escándalo Watergate. Teniendo en cuenta la reciente historia americana, quizás se caía de madura una actualización del concepto.
Siendo este el siglo 21, reemplacemos a Bronson con
Jodie Foster y tenemos
“The Brave One”, la más reciente película de
Neil Jordan. Foster encarna a Erica Bain, una locutora de radio pública - es decir, liberal y pro-derechos humanos, en el contexto americano - enamorada de Nueva York y de su prometido (
Naveen Andrews, en una aparición demasiado corta: quizás se le atrasaba el vuelo al set de “Lost”). En una noche de verano, salen a pasear al perro y son atacados violentamente por una patota - que, en onda
Youtube, se encarga de filmar todo el ataque en video. No arruino ningún detalle al contar que el pobre Naveen muere y Erica queda en coma, porque el resultado de este ataque es el gancho de la película.
Salida del coma y agorafóbica, Erica termina temiendo a la Nueva York que tanto ama, y comprando una 9mm para darse coraje de salir a la calle. A partir de allí tendremos un asesinato en defensa propia (seguido de una bastante improbable eliminación de la evidencia – es difícil de creer que en medio del shock, Erica pudiera acordarse de sacar el video de vigilancia, tirar su buzo ensangrentado en un tacho de basura fuera del paso, etc.); seguido del descenso de lo que se podría considerar una persona racional y eminentemente educada en una espiral de violencia y justicia por mano propia. Abusadores de prostitutas, asaltantes del subterráneo y hasta un capomafia que matara a su esposa – todos son buenos objetivos de Erica y su pistola.
El argumento no convence del todo. ¿Es posible que Erica salga ahora por las noches, decidida a quemar al primer matón que se le cruce, en vez de buscar a sus atacantes y quedar ahí? ¿Y que enfrentada con la posibilidad de traerlos a la justicia, decida sin embargo encargarse en persona del ajuste de cuentas? En algún momento el guionista perdió su interés por la verosimilitud, cegado por la visión de Jodie Foster disparando a delincuentes a sangre fría: algo así como una versión intelectual de una película de explotación del subgénero “chicks with guns” (minas armadas), cuyos recientes exponentes suman a Milla Jovovich en la saga “Resident Evil”, Uma Thurman en “Kill Bill”, y cientos de notables actrices de los años 70 (Pam Grier, sobre todas)
Foster es una excelente actriz y es al constante interés que mantiene en el espectador (yo, por mi parte, me declaro fascinado) a lo que recurre el director para que la película no decaiga. Del lado de la policía, pone a Terrence Howard, y existe verdadero magnetismo en esta extraña pareja. Y si Jordan tira algunas preguntas al paso sobre si este es el camino correcto, parece al fin no tener respuestas, y termina sin convencer.
Ahora, una cosa es la venganza personal – pero ¿que sucedería si explotamos este concepto a una escala global?
“The Kingdom” es la película para quienes quieran ver el resultado en acción – y vaya si tiene acción. Una hiper-violenta visión del conflicto entre terroristas árabes y Occidente (incluyendo, quizás, la visión más descarnadamente realista de un ataque terrorista que yo jamás haya visto), el filme de
Peter Berg no da descanso y se plantea la pregunta de manera un poco más abierta. Pero desgraciadamente el filme termina más preocupado de matar al enemigo que de entender sus motivaciones.
Un complejo de residentes occidentales en Arabia Saudita es víctima de una seguidilla de ataques terroristas, dejando centenas de muertos, entre ellos un querido agente del FBI (Kyle Chandler, en una aparición demasiado corta – quizás se le atrasaba el vuelo al set de “Friday Night Lights”?). En seguida, su contrapartida en Estados Unidos, Roland Fleury (Jamie Foxx), quiere armar una expedición para “investigar”, lo cual es código por “encontrar al culpable y llenarlo de plomo”.
En toda película de venganza, las instituciones son vistas como un estorbo a la Justicia con mayúsculas, esa que reclama ojo por ojo y diente por diente. Si en la película de Jordan este rol le caía al departmento de policía (con sus salas de espera interminables y las frases repetidas en el teléfono que no consuelan a nadie), en el filme de Berg este dudoso honor le cae al Departamento de Justicia y al rango diplomático. Danny Huston compone a un Procurador General con pocos escrúpulos, y Jeremy Piven a un diplomático emperrado en sacar al equipo cuanto antes del reino, y volver a la calma de su puesto. Pero con un poco de acción encubierta, Fleury logra salvar estos obstáculos y llevar a su equipo a Arabia Saudita por una semana, para encontrar a los culpables.
Berg es un director muy astuto en cómo maneja los tiempos y la audiencia – por cada explosión o acto de violencia existe una broma o un comentario para hacernos bajar la tensión. A veces esto desentona – Piven, un actor que en general tiene un poco más de criterio, parece estar actuando en su propia versión de “Entourage, la película”, en vez de en un filme sobre Medio Oriente. Pero Foxx y Chris Cooper son capaces de mantener ambas corrientes al mismo tiempo, y entre tanta violencia el resultado se agradece. No puedo decir desgraciadamente lo mismo sobre su manejo de cámara y edición. “The Kingdom” sufre a ratos de ese exceso de cámara en movimiento que puede hacer que las primeras 15 filas de la sala salgan con el estómago en la mano. Berg haría bien en estudiar las películas de Paul Greengrass (“El Ultimátum Bourne”, “United 93”) para aprender como usar este elemento sin cansar a la platea.
Lo más interesante de “The Kingdom” es que me imagino que será vista de dos maneras diametralmente opuestas. Algunos (y me incluyo) veremos a un grupo de vengadores americanos que entra sin golpear y, sin interés de entender la sociedad que los rodea, buscan llevar a cabo su venganza. Pero si en el nivel personal de Jodie Foster esto queda ahí; al multiplicar la venganza a nivel de dos culturas enfrentadas esto sólo puede engendrar más violencia. Berg, con las escenas finales, parece que se da cuenta de este ciclo y nos tira un hueso en el que parece compartir el sentimiento. Y también pone algunas escenas familiares en el medio que trazan paralelos entre ambos lados – todos somos humanos, y esta venganza no tiene sentido.
Pero por otro lado estarán los que se queden en el nivel “Rambo en Arabia Saudita”, los cuales verán sus estereotipos árabes confirmados y a sus bienamados héroes matando terroristas con turbantes. Y en parte la culpa de esta visión también de Berg, que no tiene la astucia o la honestidad de distribuir los tantos de manera un poco más imparcial, o quizás tema que una visión en grises le destruya la película de acción que tan exitosamente ha creado. Los americanos en su mundo son los únicos que saben como investigar la escena del crimen y encontrar a los criminales. El único árabe que termina del lado de los héroes es aquel que se da cuenta como los americanos tienen razón. Si bien existen malos del lado americano son más bien del nivel burócrata o del “no te metas” – los malos árabes son bien malos y tienen las armas para probarlo. Y en una película que pretende dar una visión sobre la naturaleza del conflicto (¿de que otra manera pueden explicarse, sino, los títulos del comienzo con una historia sucinta de Arabia Saudita y su relación con USA?), esto es imperdonable.
Estén en el campo que estén, sin embargo, “The Kingdom” da más satisfacción inmediata a nivel visceral que “The Brave One”, sobre todo porque la acción no da respiro. Pero pasada la adrenalina, y vista en el espejo retrovisor (y entendiendo, aparte, que toda película toma una escala global en estos días – estereotipos y todo), es una pena que no logre un poco más de ecuanimidad a nivel intelectual. Peter Berg tiene talento, es indudable – esperemos que en algún momento lo aparee con una visión del mundo un poco más balanceada y responsable.
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