22/6/08

Margot y la boda (Margot at the wedding, 2007)

Margot y la boda
Hay ciertas películas que no se pueden definir o calificar en base a su argumento, sus actuaciones o sus rubros técnicos; sino que es más justo referir al estado emocional que despiertan en el espectador. Es el caso de “Margot y la boda”, y por tanto me ofrezco a dar mi resultado como guía: vi el filme con interés pero sin creerlo lo mejor, salí del cine madrileño a unos 35 grados de calor sintiéndome en un invierno interior, y a las tres cuadras se me llenaron los ojos de lágrimas.

La historia es pequeña y como en muchos filmes intimistas (vienen a la memoria incontables filmes franceses, los Bergmans más intimistas y sus ecos en Woody Allen, y “La ciénaga” de Lucrecia Martel) casi sin importancia. Margot es una escritora de cierto éxito que junto a su hijo adolescente viaja a la casa familiar para presenciar la nueva boda de su hermana, con la cual no se habla desde hace un tiempo. Lo que importa es la maraña de sentimientos e interacciones entre estos personajes, todos dañados de maneras visible o invisible, generalmente por alguna otra persona en este núcleo.

Las relaciones demostradas aquí son tan complejas como las que se ven en la vida real, sobre todo en el tira y afloja de las dos hermanas centrales, que tanto compiten por establecer su primacía como al mismo tiempo se buscan para combatir la soledad; quizás entendiendo que la otra las conoce como nadie. Kidman como Margot comete quizás las crueldades más grandes entre las dos, revelando secretos y traicionando confianzas casualmente, utilizando los secretos de familia como inspiración novelística; pero es difícil verla como una villana: su Margot parece no darse cuenta de nada más allá de sí misma, y es claro que utiliza la verdad como excusa por su falta de empatía y su ceguera emocional (debo decir que una línea en la que se defiende diciendo “bueno, dije la verdad, ¿no es eso lo más importante?” me pegó cerca; por haberla visto usada antes entre miembros de mi propia familia). Su vacío emocional la lleva a forjar un vínculo dañino con su hijo, al que acerca y aleja a discreción con cierta crueldad, lo mejor para mantenerlo vulnerable.

No es esta una película esperanzadora, y quizás la resolución (quietamente devastadora, eliminando la esperanza de una evasión del futuro de este círculo vicioso de disfunción) es lo que me ha dejado el gusto más amargo. Y la explicación de esas lágrimas atrasadas.

El elenco es impecable, sobre todo en las actuaciones de Jennifer Jason Leigh como Pauline (la hermana de la boda) y Zane Pais como el hijo de Margot. La fotografía lavada ayuda a esa sensación de páramo, donde los mejores sentimientos van a morir.

Nota: En Argentina este filme no fue lanzado en salas, pero se encuentra en DVD editado por AVH

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14/6/08

Sex and the City (2008)

Sex and the City
Al salir de la proyección de Sex and the City, una pregunta me martillaba en el cerebro, una y otra vez: ¿Esto es todo?

No me refiero a los ridículos 145 minutos que dura el filme, que bien pudieran haberse acortado en 30 o 40. Ni a la presencia en pantalla de las cuatro actrices principales, las cuales tienen amplios minutos y algunos buenos momentos. Lo que me deprimió de “Sex and the City” en su versión fílmica es la visión reduccionista que ensaya sobre el género femenino. Estas cuatro mujeres se definen en base a un y sólo un aspecto: sus hombres. Triste.

Triste porque si el cine es una máquina de sueños, en la que la audiencia ve reflejados sus más íntimos e inalcanzables deseos, entonces bien diría que la evidencia durante estas dos horas y media marca que el género femenino ha vuelto atrás en los últimos treinta años. Ya en el comienzo, Carrie propone que las mujeres vienen a Nueva York en busca de dos cosas: etiquetas (es decir, moda de nombre) y amor. ¿En serio? ¿Es posible que no entre en la ecuación la carrera, el deseo de abrirse paso en el mundo en base al talento propio, la independencia? ¿Puede ser que lo único que importe sea con quien están casadas o quién tiene el placard más grande?

Es un fenómeno extraño el artefacto cultural que, pasando de la pantalla chica a la gigante, termina achicándose en sus ambiciones. En sus seis temporadas en HBO, la serie tuvo mucho de comedia (mucho más que el filme, que se apoya más en el drama), mucho de sátira social al consumo desenfrenado, una mirada bastante adulta sobre los vaivenes relacionales de las mujeres entre 20 y 40 y, por supuesto, bastante sexo. Y durante esas seis temporadas, las cuatro protagonistas formaron personalidades definidas y multifacéticas, pasando por la esfera laboral, de las ambiciones, de las relaciones interpersonales y del amor. Fueron seis años de una serie que seguí a rajatabla y volví a ver repetidas veces; tan ricas y variadas eran sus historias y tan abiertos sus desenlaces.

Pero ahora, bien entrado el 2008, la pluma de Michael Patrick King parece haberse secado y nuestras heroínas se definen no tanto en base a ellas mismas o sus interacciones con otras mujeres, sino lisa y llanamente en relación a sus hombres: Miranda en sus problemas con Steve, Carrie con Big, Samantha con Smith (Charlotte, bien gracias: a su personaje le tiran un embarazo a las dos horas como para darle algo que hacer). Esto hace que el retrato de la relación de estas cuatro amigas sufra: sus charlas no son ya tanto de igual a igual, viendo con asombro al mundo masculino que las rodea, como era antes; sino que se ha vuelto un recuento de que debieran o no debieran hacer para ser felices en sus relaciones de pareja. Nunca tantas hablaron de tan poco.

¿Cómo hemos vuelto a una época en que cuatro mujeres adultas y supuestamente independientes se definen en base a “Señora de”? ¿Y quienes son estos hombres tan apetecibles como para definir vidas en base a ellos, que sólo aparecen en pantalla con cinco líneas cada uno? La respuesta quizás esté en algún estudio sociológico afuera de la sala. Esta película, en su visión materialista y reducida del mundo femenino, ni siquiera intenta formularla.

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8/5/08

Imposible?

Parece que se viene “Misión: Imposible 4”. A esta altura, ¿no debiera llamarse “Misión bastante probable”?

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6/5/08

Then she found me (2008)

Then She Found Me
Se necesitan muchas agallas en el Hollywood actual para aparecer en pantalla como lo hace Helen Hunt a unos 20 minutos del comienzo de esta película: totalmente real, con cara de no haber dormido, un rictus en su boca, y el cabello desaliñado. Se entiende el por qué: April Epner llega esa mañana a su trabajo de maestra luego de que su marido (Matthew Broderick) la abandone mientras su madre está en el hospital. Pero aún así es impresionante la dedicación de Hunt a esta historia: muchas otras actrices hubieran optado simplemente por el cabello un poco enmarañado, pero el resto todo reluciente. En los siguientes minutos las cosas se van a complicar aún más: la muerte de su madre adoptiva, una madre biológica que reaparece (Bette Midler) y un divorciado con dos hijos y bastante equipaje emocional (Colin Firth) arman una madeja de la cual Hunt tiene que encontrar el comienzo y el final de cada hilo.

En Then She Found Me, existen muchos de esos momentos en que uno se olvida de que esto es un filme y las hilachas de la vida real se entremezclan con elementos más predecibles. Un momento de debilidad en el asiento trasero del auto con su ex-marido, el ataque de furia de ese pretendiente hasta entonces casi perfecto, o la herida de estar del lado receptor de una mentira – todos están manejados con sutileza y amor por los personajes, a pesar de sus evidentes fallas. Hunt (asumiendo la dirección y la coautoría del guión, aparte del rol principal) demuestra tener un muy buen ojo para evitar los lugares comunes. Su mano también es evidente en lograr que Bette Midler, quien suele atropellar cuanto filme se le pone en medio, tome su lugar en la historia sin monopolizarla. Firth, generalmente encasillado en el papel de príncipe azul (véase Love Actually y sus infinitas variantes) logra armar una imagen convincente de su papel – herido, confuso, aunque todavía dispuesto a amar.

Pero es Hunt al fin y al cabo quien se lleva los laureles en esta historia de crecer para aceptar la realidad en reemplazo de algún sueño imposible. Muy recomendable.

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16/3/08

Encantada (Enchanted, 2007)

Enchanted
En los últimos años todo el mundo se ha divertido ridiculizando a las películas de Disney, a partir sobre todo del fenómeno Shrek. Todo el mundo, claro está, menos la misma Disney – así que quizás era hora que el estudio decidiera tomarse un poco en solfa a sí mismo a través de una de sus tradiciones más preciadas: los cuentos de princesas encantadas. Sea “Blancanieves”, “Cenicienta”, “La Bella Durmiente” o muchas otras obras menores, Disney siempre se ha hecho cargo de hacer realidad la fantasía preferida de nuestras niñas: la de la muchacha que, contra todos los contratiempos, llega a una vida de plenitud vía una bonita corona y un príncipe que la quiera (y la salve). Si esto suena a telenovela de la tarde, es porque en realidad lo es. Lo único que cambia es la edad del target.

“Encantada” comienza como una de estas tantas películas de Disney – en un bosque animado, con animalitos que cantan junto a la bella Giselle mientras espera conocer a su príncipe encantado. Una vez que lo conoce, entra en juego la madrastra (siempre con las madrastras – ¿será una publicidad encubierta contra las segundas nupcias?) que para librarse de ella y quedarse con el trono de por vida la empuja por un pozo a una tierra sin finales felices. Que termina siendo Nueva York, alcantarilla mediante.

El material no es totalmente nuevo y mucha de la comedia (enfrentando a la inocente Giselle con las realidades de la vida real, y los intentos de la madrastra y sus secuaces de terminar de eliminarla) tampoco, pero funciona, y muy bien, gracias a la actuación de Amy Adams. Con un carisma impresionante, unos ojos azules que siempre parecen sonreír y verlo todo por primera vez y una manera de moverse que realmente captura la esencia de las princesas animadas, Adams lleva adelante la película y no deja que decaiga. Patrick Dempsey es el galán que, a su pesar, termina ayudándola y recuperando su capacidad de amar. Y James Marsden es el príncipe - bastante lento de ideas, dicho sea de paso – que la viene a buscar para llevarla de vuelta a su reino animado.

Un par de cosas que no me funcionaron – uno, que la escena final con dragón y todo se me hace innecesaria (la película podría tranquilamente haber cerrado con el beso de su verdadero amor, sin perder nada importante). La parte animada del principio me parece que se hubiera beneficiado de una producción un poco más grande – se ve como Disney de segunda, que quede claro. Y un poco desperdiciada la presencia de Susan Sarandon, a quien le podrían haber dado algo un poco más complejo para hacer. Pero la película se lleva bien, y para qué protestar contra un final feliz.

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16/2/08

Sweeney Todd: el barbero demoníaco de la calle Fleet (2008)

Sweeney Todd
Nota: Esta critica entra en profundidad sobre el contenido del filme y el musical original - como tal, contiene spoilers

¿Que se pierde al reducir un musical de casi 3 horas a una película de 2? En el caso de “Sweeney Todd”, la nueva película de Tim Burton basada en el musical de Stephen Sondheim, la respuesta es clara: complejidad y calidez humana.

Caveat emptor: empiezo esta crítica con un viso un poco sesgado. En mi opinión, Sondheim es quizás el mejor compositor del siglo XX. Sus musicales no sólo cambiaron la cara de la venerable forma de Broadway: le dieron profundidad, rango emocional; aparte de algunas bellas canciones por el camino. Sondheim tomó el musical de Broadway y lo usó como una plataforma para tocar temas mucho más grandes que la vieja historia de “muchacho conoce chica”. Y “Sweeney Todd” es su apogeo – un grand guignol que toca temas de venganza, obsesión, comercio y una cierta deshumanización de la sociedad industrial; donde cada personaje tiene una multitud de matices que hace que ninguno esté con los dos pies en el mismo campo todo el tiempo. Casi no hay inocentes en el mundo de Sondheim, pero tampoco hay villanos fundamentales: sólo seres humanos que sucumben a instintos y sentimientos que debieran controlar, en un mundo a media sombra.

La película de Burton se planta derecho en los dos primeros temas y deja de lado los demás – Sweeney (Depp, aterrador) es una pintura de la obsesión desde su llegada a Londres hasta la escena final, trazando una línea recta de venganza contra el hombre que le robara la vida. No hay viaje en el personaje de Depp – Sweeney ha llegado a la locura homicida antes de comenzar la película, y ahí se queda, los ojos duros durante toda la proyección. La Sra Lovett (Bonham Carter, en una actuación de soberanos altibajos) tiene su propia obsesión – el propio Sweeney, ese barbero antes llamado Benjamín Barker, que vivía sobre su restaurante y por el que “siempre tuvo alguna debilidad”. El mismo juez Turpin (Rickman, seguro como siempre) está obsesionado con Johanna, la hija de Sweeney a la que crió como su cautiva / protegida – luego de deshacerse de su padre y violar a su madre, claro está.

En muchos casos se puede defender una simplificación para el cine: ya bastante duro es meter gente en las butacas para un musical, imagínense un musical cuyos temas no se pueden explicar en dos frases. El problema está cuando en la reducción, los personajes dejan de ser humanos para volverse arquetipos.

En este traspaso, sufren las motivaciones de los personajes. Turpin - en el original un falso piadoso, que se autoflagela literalmente por desear a Johanna (“cálmate, perro” se cantaba en el musical de Sondheim, mientras se da azotes antes de sucumbir nuevamente a sus instintos más bajos) - se vuelve simplemente un villano de punta a punta que manda a niños a la horca. La Sra. Lovett también se vuelve más cruel, y menos querible: en la obra es un monstruo accidental; una mujer en la segunda mitad de su vida que conserva una cierta cualidad de niña egoísta, pero que aun asi parece incapaz de desearle mal a nadie. Lo suyo no es mala intención – es ceguera ética; el no entender que el mundo tiene otros seres humanos aparte de ella y su amado. El resultado es que cuando la Sra Lovett canta que no ha querido herir a Sweeney con sus mentiras sino protegerle, es mucho más difícil de creerle en esta nueva pasada (parte de esto no es error de Bonham Carter, sino de un poco feliz cambio en el papel de la pordiosera, mucho más claramente loca e insoportable en la versión escénica). Johanna y Anthony, los jóvenes amantes, ni siquiera tienen tal suerte – los números musicales en los que se exploraban sus sentimientos han sido eliminados y se vuelven solamente un Deus Ex Machina para hacer que el juez llegue a su final a manos de Sweeney Todd. El resultado es que viendo la obra nos sentimos conflictuados: sentimos placer con las ideas grotescas de la Sra Lovett y hasta la queremos en su falta de visión al imaginar un futuro feliz con Sweeney, tenemos tristeza moral por el carácter corrupto de Turpin, nos choca la estupidez de Johana al querer escapar de una mala situación a través de un desconocido, vemos claramente cómo Sweeney pierde su humanidad con cada cuello degollado hasta el punto de olvidar su razón para degollar (“te extraño menos cada día”, le canta a la memoria de Johanna en medio de la masacre). El filme no tiene esos medios tonos - es mas blanco y negro: los espectadores están a salvo de reconocerse en estos personajes.

Poco ha quedado también del humor satírico de la obra, mucho derivado del placer que estos dos asesinos encuentran en su matanza cotidiana. La hilarante “A little priest” (un paseo imaginario por el sabor de cada profesión humana, una vez convertida la víctima en pastel) debiera tener un sentido de juego: la Sra. Lovett y Sweeney se excitan con las posibilidades de su plan y se regodean en el “servicio” que le van a prestar a la humanidad, y ríen felices sobre cada sarcástico sabor. Son, por un vano momento, felices. El mismo problema existe en el otro número importante de Bonham Carter – “The worst pies in London”. En lugar de la eterna optimista con pocos trazos de conciencia que debiera ser la Sra Lovett, sacándose alegremente el sombrero ante el ingenio de la competencia, que usa gatos (los cuales son demasiado rápidos para que ella los atrape), tenemos una queja cansina de una mujer vencida. No es un cambio pequeño de aceptar - y no entiendo como Bonham se fue tan lejos del carácter de la Sra Lovett, a menos que Burton lo haya instigado.

El humor también tenía otro efecto en el musical de Sondheim – fuertemente cargado sobre los primeros dos tercios de la obra y absolutamente ausente en la última hora, hacía que la masacre del segundo acto fuera mucho más chocante, afectándonos a un nivel primario. Como un chico que recibe un paquete de caramelos seguido de una sarta de sopapos, Sondheim nos dejaba llorando por más de una razón. Era ver un grupo de vidas, completas en todas sus facetas, corriendo hacia la alcantarilla con la sangre de las víctimas. No hay lágrimas ni angustia existencial al final de este “Sweeney”, no hay pathos. La película nos deja en el mismo lugar que nos encontró - las obsesiones y falencias de estos personajes son sólo suyas, y no hay dudas de que son muy distintos a nosotros.

Este Sweeney es, entonces, un animal diferente: un filme directo de horror sobre una venganza homicida (con canciones). En estos - algo menores - términos, se defiende admirablemente bien. Burton se tira a la pileta re-imaginando el material como puro cine y no una filmación de una obra de teatro. Las canciones se han acortado, reordenado y aireado: la presentación de “A little priest” me pareció muy original, con los distintos arquetipos vistos a través de la ventana. Visualmente, el filme es fantástico de principio a fin – el monocromo de esta Londres imaginaria funciona bien con el material, y el único par de digresiones a puro color (la entrada de Pirelli, y la fantasía romántica de la Sra Lovett de vivir junto al mar) son muy acertadas. A diferencia de muchos otros musicales de los últimos tiempos – el peor ejemplo de esto es “El Fantasma de la Ópera”, un desastre de hace un par de años – nunca me quedé recordando la puesta original. Las actuaciones están a tono, y el modo de canto naturalista (en vez del más exaltado canto teatral) hace que el filme sea más creíble – no correría a comprar el disco para escuchar una y otra vez, pero en este contexto es la única elección posible. Entendiendo sus limitaciones (ayuda no haber visto el original una y otra vez, como un servidor), son dos horas disfrutables en una butaca. Pero “Sweeney Todd”, la obra maestra de Sondheim, no es.

Ahora, con respecto a esa empanada que quería comer…

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20/11/07

Y hablando de Ahmadinejad…


Uno de los videos mas divertidos de esta temporada de “Saturday Night Live”, emitido cuando Ahmadinejad dijera en la Universidad de Columbia que no hay gays en Irán.

Para aquellos que no entienden la letra en ingles:

Dicen que el amor verdadero viene una vez en la vida
Y aunque somos de polos opuestos del mundo
Mi corazón me dices que tu eres el único para mí

Mahmoud, recuerdo cuando todo comenzó, te vi en el noticiero
Tú odiando a los gays, y yo comiendo.
Te sentí cerca, y aún cuando estoy en desacuerdo con casi todo lo que dices
No estás mal conmigo, eres tan fuerte para mí, me perteneces:
Eres como un muy velludo Jake Gyllenhall para mí.
Mahmoud, haces que el corazón me salte fuera del pecho.
Mi mente dice no, pero mi cuerpo dice sí.
Tú no eres una amenaza; la única amenaza que veo es la amenaza de que no vengas a casa conmigo.
Nuestro amor es como cuando los átomos chocan;
No puedo expresar como me siento, asi que Adam, vamos ahora

(Adam Levine canta)
Y Irán, Irán tan lejos es tu hogar,
pero en mi corazón te quedarás
El se presentó para presidente de Irán
Nosotros nos escapamos juntos a una isla tropical
Mi hombre, Mahmoud es conocido por la violencia.
Sonríe. Si él aún puede seguir adelante, yo también puedo.
Te llaman rata malvada, dicen que tus métodos son medievales
Tu puedes ser mis Judíos, yo seré tu Jim Caviezel (ref.: Cristo en “La Pasión” de Mel Gibson)
Sadomasoquismo, acurrucarnos mientras forcejeamos
Tú puedes ser el puerto donde atraque mi barco
Y yo bajo el sonido de la TV, pero aún me ves
con tus ojos marrones soñolientos, tus muslos de almendra
y tu culo peludo… Sí…
Y Irán, Irán está tan lejos
ven a casa, y en mis brazos te quedarás

Solía mirar las estrellas y soñar
que alrededor del mundo las mismas estrellas se veían.
Y ese brillo en tus ojos, Mahmoud….

Háblame dulce, sin corbata
Con los pantalones altos, vaya que onda tienes.
Podemos ir de paseo al zoológico
y reírnos de las cosas graciosas que hacen los animales
Como Eugene, me tienes loco nene (ref: a Eugene Levy en “Bringing down the House” con Queen Latifah.)
Espero que me mires a los ojos y digas, “yo estoy loco también”
Tú dices que Irán no tiene la bomba, pero sí que la tienen;
Ya debieras saber a esta altura, que la bomba eres tú.
Y Irán, Irán tan lejos
es tu hogar, pero en mi corazón te quedarás…

Estás loco por este pibe, Mahmoud
Podés negar el Holocausto todo lo que quieras
pero no podés negar que hay algo entre nosotros!
Yo sé que decís que no hay gays en Irán
Pero ahora estas en Nueva York, baby,
Es hora de dejar de ocultarse
y empezar a vivir….!

1/10/07

La crítica de libros en Argentina

El director editorial de Sudamericana, Pablo Avelluto, publicó una nota en ADN Cultura la semana pasada que me parece valiosa. En ella, protesta que las críticas de libros debieran ser más como las críticas de cine, una guía al lector sobre si un libro es bueno o no, o si debiera comprarse o no:

Las reseñas de libros, en cambio, son otra cosa. Pero, ¿son otra cosa? Los comentarios bibliográficos suelen ser, a diferencia de sus vecinos de suplemento, mucho más ambiguos, vienen con un “no-se-qué” de austeridad en el uso de adjetivos contundentes. Acaso alguien recuerda haber leído algo así como “este libro es muy malo y decepciona al lector desde la primera página. Olvídelo”, “Fulanito escribe bien, pero en la página 142 su libro no se sostiene y uno se ve obligado a apagar el velador” o “un policial imperdible de ritmo electrizante con excelentes personajes”.

Es cierto que toda crítica debiera ser un servicio al lector – pero donde me parece que Arellano le pifia es en el tipo de servicio que la crítica debiera poseer. Una buena crítica, sea de libros, discos o cine, no es una recomendación comercial de si vale la pena pagar 30 pesos por el contenido: lo que sí debe hacer es darle al lector una manera de entrar en la obra, un ángulo para comprenderla en sus propios términos. Es ahí donde ya he dicho hasta el cansancio que las críticas de cine en Argentina son, en realidad, deplorables: la mayor parte de las veces - salvo algunos escritores de El Amante, o publicaciones similares - los críticos de cine de los diarios argentinos se mantienen en el básico recuento de los rubros del film (bien o mal filmado, actuación, etc.; los cuales se van volviendo cada vez más irrelevantes porque existe un mínimo nivel que casi todos los filmes mantienen) y si el filme es entretenido o emocionante. Lo que sería más interesante es precisamente levantar la obra como un prisma al sol, considerarla en el contexto de otras obras o eventos cercanos y ver si en lo que intenta tiene éxito o no. Por supuesto que esto es totalmente subjetivo, y por ello decir que algo es bueno o malo de manera absoluta es imposible. Pero al menos logra que aquel que vaya a mirar el filme se quede discutiendo sobre si la crítica era válida o no, y elabore su propia visión a partir de ahí.

Algo parecido debiera hacer la crítica de libros, que en Argentina es un poco mejor que la de cine porque al menos se abstiene de dar un fallo absolutista de mercado (compre, no compre). Lo cual no implica que no sea fallida. Lejos de ello. Existe, y en esto coincido con Avelluto, una tendencia a cubrir sólo los libros más oscuros y supuestamente intelectuales: algo así como considerar la crítica una prueba del gusto e intelecto del autor. Vean como ejemplo cualquier ejemplar de la misma ADN Cultura y se van a dar cuenta de esta tendencia. Y en verdad esto no es representativo del lugar de los libros en la vida diaria: sería como extrapolar la realidad política simplemente a partir de examinar uno sólo de los partidos, y para colmo el que tiene el 2% de los votos. No tiene sentido. Ahí es donde el editor de estos medios debiera entrar y simplemente repartir tareas, incluyendo las críticas a libros de la categoría “best sellers”, mal que le pese a alguno. Y de las contraposiciones de algún crítico más intelectual y una obra de mercado, quizás saldría algo interesante en la crítica.

Finalmente, una preocupación: que a Avelluto (director editorial de una de las principales editoriales del mercado) le gusten más las críticas de cine, que en su conjunto están escritas de una manera pavorosa, sin estilo que las identifique, me da algo de resquemor por el futuro de nuestras publicaciones. Quizás sea el daño colateral de tantos años publicando a Danielle Steel y Robin Cook.

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Nuevo album de Radiohead

Casi en silencio, Radiohead acaba de anunciar el lanzamiento de su nuevo disco - llamado “In Rainbows” - para el 10 de Octubre. La otra característica rara del lanzamiento: no se vendera por iTunes o ninguna de las otras tiendas online, sino directamente del sitio de la banda (al menos en un principio, como dice el sitio) y cada uno elige lo que quiere pagar por el download.

Radiohead tiene ya una historia de no estar en iTunes (ninguno de sus álbumes anteriores se vende ahi), y con la cantidad de fanáticos que tiene no creo que tengan problemas en vender el album, los unicos problemas por ahora son que quizás no los consideren para el ranking de ventas, y que desde el anuncio el sitio de Radiohead esta muy lento… me pregunto si la infraestructura no les va a fallar, algo que no pasaría con iTunes.

De todos modos, con muchas ganas de escuchar lo nuevo de la banda. El año pasado estuvieron por Berkeley con muchas de las canciones en proceso, y fue bueno ver una vuelta a un sonido mas orgánico. Varias versiones de las canciones de ese tour, que están en el disco, fueron compiladas por NME aquí. Veremos que nos depara el corte final.

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30/9/07

Blade Runner: The Final Cut

Aquellos fans de Blade Runner - razones para alegrarse. Una nueva copia, restaurada de manera digital y con todas las escenas perdidas tanto en el estreno original de 1982 como en el Director’s Cut de 1992, se acaba de estrenar en Nueva York y viene en camino en DVD (en un paquete de 5 discos con todos los extras imaginables) este Diciembre. Segun el New York Times esta version es aun “mas oscura y bella” que la del 92. A hacer cola.

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28/9/07

Al tambor de la venganza

Si las películas representan - aunque sea de manera infinitesimal - a las sociedades que las crean; entonces debiera llamar la atención que en apenas tres semanas hayan abierto dos filmes de cierto calibre, enfocados al público adulto, en que el sentimiento central es la venganza. Estos filmes, en general, surgen en momentos de confusión o de descreimiento en las instituciones: véase el ejemplo de “El Vengador Anónimo” o “Harry el Sucio” cuando despuntaba el final de la guerra de Vietnam y en pleno escándalo Watergate. Teniendo en cuenta la reciente historia americana, quizás se caía de madura una actualización del concepto.

The Brave One
Siendo este el siglo 21, reemplacemos a Bronson con Jodie Foster y tenemos “The Brave One”, la más reciente película de Neil Jordan. Foster encarna a Erica Bain, una locutora de radio pública - es decir, liberal y pro-derechos humanos, en el contexto americano - enamorada de Nueva York y de su prometido (Naveen Andrews, en una aparición demasiado corta: quizás se le atrasaba el vuelo al set de “Lost”). En una noche de verano, salen a pasear al perro y son atacados violentamente por una patota - que, en onda Youtube, se encarga de filmar todo el ataque en video. No arruino ningún detalle al contar que el pobre Naveen muere y Erica queda en coma, porque el resultado de este ataque es el gancho de la película.

Salida del coma y agorafóbica, Erica termina temiendo a la Nueva York que tanto ama, y comprando una 9mm para darse coraje de salir a la calle. A partir de allí tendremos un asesinato en defensa propia (seguido de una bastante improbable eliminación de la evidencia – es difícil de creer que en medio del shock, Erica pudiera acordarse de sacar el video de vigilancia, tirar su buzo ensangrentado en un tacho de basura fuera del paso, etc.); seguido del descenso de lo que se podría considerar una persona racional y eminentemente educada en una espiral de violencia y justicia por mano propia. Abusadores de prostitutas, asaltantes del subterráneo y hasta un capomafia que matara a su esposa – todos son buenos objetivos de Erica y su pistola.

El argumento no convence del todo. ¿Es posible que Erica salga ahora por las noches, decidida a quemar al primer matón que se le cruce, en vez de buscar a sus atacantes y quedar ahí? ¿Y que enfrentada con la posibilidad de traerlos a la justicia, decida sin embargo encargarse en persona del ajuste de cuentas? En algún momento el guionista perdió su interés por la verosimilitud, cegado por la visión de Jodie Foster disparando a delincuentes a sangre fría: algo así como una versión intelectual de una película de explotación del subgénero “chicks with guns” (minas armadas), cuyos recientes exponentes suman a Milla Jovovich en la saga “Resident Evil”, Uma Thurman en “Kill Bill”, y cientos de notables actrices de los años 70 (Pam Grier, sobre todas)

Foster es una excelente actriz y es al constante interés que mantiene en el espectador (yo, por mi parte, me declaro fascinado) a lo que recurre el director para que la película no decaiga. Del lado de la policía, pone a Terrence Howard, y existe verdadero magnetismo en esta extraña pareja. Y si Jordan tira algunas preguntas al paso sobre si este es el camino correcto, parece al fin no tener respuestas, y termina sin convencer.

The Kingdom
Ahora, una cosa es la venganza personal – pero ¿que sucedería si explotamos este concepto a una escala global? “The Kingdom” es la película para quienes quieran ver el resultado en acción – y vaya si tiene acción. Una hiper-violenta visión del conflicto entre terroristas árabes y Occidente (incluyendo, quizás, la visión más descarnadamente realista de un ataque terrorista que yo jamás haya visto), el filme de Peter Berg no da descanso y se plantea la pregunta de manera un poco más abierta. Pero desgraciadamente el filme termina más preocupado de matar al enemigo que de entender sus motivaciones.

Un complejo de residentes occidentales en Arabia Saudita es víctima de una seguidilla de ataques terroristas, dejando centenas de muertos, entre ellos un querido agente del FBI (Kyle Chandler, en una aparición demasiado corta – quizás se le atrasaba el vuelo al set de “Friday Night Lights”?). En seguida, su contrapartida en Estados Unidos, Roland Fleury (Jamie Foxx), quiere armar una expedición para “investigar”, lo cual es código por “encontrar al culpable y llenarlo de plomo”.

En toda película de venganza, las instituciones son vistas como un estorbo a la Justicia con mayúsculas, esa que reclama ojo por ojo y diente por diente. Si en la película de Jordan este rol le caía al departmento de policía (con sus salas de espera interminables y las frases repetidas en el teléfono que no consuelan a nadie), en el filme de Berg este dudoso honor le cae al Departamento de Justicia y al rango diplomático. Danny Huston compone a un Procurador General con pocos escrúpulos, y Jeremy Piven a un diplomático emperrado en sacar al equipo cuanto antes del reino, y volver a la calma de su puesto. Pero con un poco de acción encubierta, Fleury logra salvar estos obstáculos y llevar a su equipo a Arabia Saudita por una semana, para encontrar a los culpables.

Berg es un director muy astuto en cómo maneja los tiempos y la audiencia – por cada explosión o acto de violencia existe una broma o un comentario para hacernos bajar la tensión. A veces esto desentona – Piven, un actor que en general tiene un poco más de criterio, parece estar actuando en su propia versión de “Entourage, la película”, en vez de en un filme sobre Medio Oriente. Pero Foxx y Chris Cooper son capaces de mantener ambas corrientes al mismo tiempo, y entre tanta violencia el resultado se agradece. No puedo decir desgraciadamente lo mismo sobre su manejo de cámara y edición. “The Kingdom” sufre a ratos de ese exceso de cámara en movimiento que puede hacer que las primeras 15 filas de la sala salgan con el estómago en la mano. Berg haría bien en estudiar las películas de Paul Greengrass (“El Ultimátum Bourne”, “United 93”) para aprender como usar este elemento sin cansar a la platea.

Lo más interesante de “The Kingdom” es que me imagino que será vista de dos maneras diametralmente opuestas. Algunos (y me incluyo) veremos a un grupo de vengadores americanos que entra sin golpear y, sin interés de entender la sociedad que los rodea, buscan llevar a cabo su venganza. Pero si en el nivel personal de Jodie Foster esto queda ahí; al multiplicar la venganza a nivel de dos culturas enfrentadas esto sólo puede engendrar más violencia. Berg, con las escenas finales, parece que se da cuenta de este ciclo y nos tira un hueso en el que parece compartir el sentimiento. Y también pone algunas escenas familiares en el medio que trazan paralelos entre ambos lados – todos somos humanos, y esta venganza no tiene sentido.

Pero por otro lado estarán los que se queden en el nivel “Rambo en Arabia Saudita”, los cuales verán sus estereotipos árabes confirmados y a sus bienamados héroes matando terroristas con turbantes. Y en parte la culpa de esta visión también de Berg, que no tiene la astucia o la honestidad de distribuir los tantos de manera un poco más imparcial, o quizás tema que una visión en grises le destruya la película de acción que tan exitosamente ha creado. Los americanos en su mundo son los únicos que saben como investigar la escena del crimen y encontrar a los criminales. El único árabe que termina del lado de los héroes es aquel que se da cuenta como los americanos tienen razón. Si bien existen malos del lado americano son más bien del nivel burócrata o del “no te metas” – los malos árabes son bien malos y tienen las armas para probarlo. Y en una película que pretende dar una visión sobre la naturaleza del conflicto (¿de que otra manera pueden explicarse, sino, los títulos del comienzo con una historia sucinta de Arabia Saudita y su relación con USA?), esto es imperdonable.

Estén en el campo que estén, sin embargo, “The Kingdom” da más satisfacción inmediata a nivel visceral que “The Brave One”, sobre todo porque la acción no da respiro. Pero pasada la adrenalina, y vista en el espejo retrovisor (y entendiendo, aparte, que toda película toma una escala global en estos días – estereotipos y todo), es una pena que no logre un poco más de ecuanimidad a nivel intelectual. Peter Berg tiene talento, es indudable – esperemos que en algún momento lo aparee con una visión del mundo un poco más balanceada y responsable.

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23/8/07

Wal-Mart: El alto costo del precio bajo (2005)

Wal-Mart: el alto costo del precio bajo
Esta noticia, acerca de actividades antisindicales en Wal-Mart Argentina, me habría pasado desapercibida si no fuera que acabo de terminar de ver el excelente documental de Robert Greenwald, “Wal-Mart: the high cost of low price” (“Wal-mart: el alto costo del precio bajo”, en una traducción literal); que entre sus muchos cargos demuestra a través de testimonios y estadísticas como a través del mundo Wal-Mart se empeña en perseguir toda actividad sindical, a traves de la presión, la vigilancia de empleados “sospechosos” de actividad gremial y otras tácticas semejantes. Un grano de arena en lo que es una montaña de evidencia del pernicioso efecto de Wal-Mart sobre toda economía regional en la que ingresa, el documental es fascinante. Sin utilizar ninguno de los golpes de efecto de un Michael Moore, Greenwald despacito va sumando un testimonio sobre otro, puntuando aquí y allá con estadísticas espeluznantes.

Así, la película comienza con dos o tres testimonios desgarradores de negocios familiares destruidos al entrar Wal-Mart (con un comentario que hiela la sangre de un ex empleado que dice “Soliamos entrar en cada pueblo diciendo ‘6 meses, 3 meses, 6 meses’, es decir nuestra estimación de cuando cada negocio iba a tener que cerrar’), generalmente con subsidios dados por las ciudades que a largo plazo se quedan con promesas vacías (en una ciudad, Wal-Mart decide mudar su negocio 20 cuadras hacia otro condado, coincidentemente al terminársele el período de gracia de impuestos y tener que empezar a pagar). Sigue por mostrar los míseros sueldos de sus empleados (los que tienen mínimos beneficios de salud, muchos forzados a trabajar horas extras sin paga, etc.), comparados con los de la familia Walton, y cuán poco contribuyen a caridades y otras obras benéficas, demostrando de paso la explotación de trabajadores en sus fábricas de Asia y Latinoamérica. Demuestra también cuan poco le interesa a Wal-Mart la seguridad de sus clientes (si bien el 80% de todos los crímenes en los Wal Marts americanos sucede en el estacionamiento, la mayoría no tienen vigilancia: toda la vigilancia está adentro del local para evitar sustracciones de mercadería). La evidencia sigue y sigue, hasta que uno se queda con la boca por el piso. Si pueden encontrar esta película en video, véanla.

PS: Acabo de ver que la pelicula esta subida - sin subtitulos - a Google Video. La pueden encontrar aca

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14/8/07

Que mal se TV

Jaim Etcheverry tiene una nota en la Revista de La Nación donde habla de Paul Potts, el ganador del concurso “Britain’s Got Talent” que surgiera de la nada a ganar el concurso cantando… opera. Etcheverry tiene razón cuando dice:

“A diferencia de la experiencia del violinista Joshua Bell – quien pasó desapercibido interpretando Bach en el subterráneo de Washington – en este caso el público está en situación de prestar atención. Cuando lo hace, confirma que no es verdad que quiera consumir la vulgaridad que con tanta insistencia se le ofrece, argumento con el que se justifica gran parte de la programación televisiva.”

Para un compendio de la vulgaridad mencionada, véase el nuevo sitio de Canal 13, donde pueden verse los últimos episodios de joyas de la cultura argentina tales como “Showmatch” con sus grititos de barra brava (el epítome del cobarde argentino, profiriendo burradas sexistas desde el comfort del “off”) y “TVR” con su cámara de movimiento constante (porque somos modernos e irreverentes, ¿vio?) y esas carcajadas de bruja cuando no hay nada gracioso sucediendo en pantalla. No es que Canal 13 tenga el monopolio de la mediocridad (Telefe tiene “Gran Hermano”, después de todo), pero es quizás el ejemplo más visible de la caída libre en la calidad de la TV argentina. Cuando cinco noches a la semana se puede pasar basura como “Showmatch”, y la gente los premia con records de rating, hay algo que anda demasiado mal.

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8/8/07

Bourne: el ultimátum (The Bourne Ultimatum, 2007)

The Bourne Ultimatum
Tercera en la serie del amnésico espía Jason Bourne (Matt Damon), y segunda que dirige Paul Greengrass (quien fuera nominado al Oscar por United 93), “The Bourne Ultimatum” es una aplanadora de dos horas que no da respiro.

Fácilmente la mejor película de acción que haya visto en un par de años (y esa calificación incluye a las dos anteriores, ya que este eslabón es el mejor de la serie), el nuevo capítulo retoma la historia en el período entre las dos últimas escenas de “La Supremacía Bourne” – Bourne está en Moscú, todavía herido por su ultimo encontronazo con el servicio secreto ruso y tiene que escapar hacia Occidente. En la primera hora, Bourne pasará como una bala por Londres, Madrid y Marruecos siguiendo la pista de un informante que tiene más datos sobre su identidad perdida. Con parte de estos datos en mano, Bourne llega a Nueva York para finalmente recuperar su pasado.

En este viaje, nos encontramos también con la visión más paranoica hasta el presente de nuestro sobrevigilado mundo actual. Para todos aquellos que alguna vez hemos pensado “bueno, no está mal poner cámaras de vigilancia en todos lados para evitar crímenes”, Greengrass nos da vuelta el tablero con un juego de gato y ratón globalizado donde todo bit de información es pasible de monitoreo. Desde mensajes de texto monitoreados en busca de palabras específicas hasta cámaras que sirven para que un tirador encuentre a su presa, todo es pasible de tergiversación, depende de quien está al mando de los controles.

Greengrass maneja su cámara portátil como una de las tantas armas de sus espías – está siempre ahí para darnos otro golpe, otra sensación, otro minuto al borde del asiento. La cámara se mueve y mucho, pero este recurso que mal manejado me da asco (véase “El Proyecto Blair Witch” como el peor exponente del tema), aquí sirve al objetivo. Eso sí - el mejor consejo que puedo dar para evitar la sensación de mareo es sentarse de la mitad de la sala para atrás.

Damon tiene los movimientos ágiles a tono con la acción, y en algún momento se ablanda un poco para mostrar su lado humano. Por otra parte es bueno ver a la casi siempre desaprovechada Julia Stiles con algo más que hacer que en las primeras dos entregas. Y finalmente David Strathairn es perfecto en su estolidez de villano (es fascinante ver como la misma actitud puede funcionar exactamente a la inversa de cómo lo hizo en “Buenas noches y buena suerte”).

Para ir a ver en pantalla grande, grandota y con mucha gente. Disfrute asegurado.

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3/7/07

Ligeramente embarazada (Knocked up, 2007)

Knocked Up
Quizás desde “There’s something about Mary” que no me reía tanto en un cine. Pero mientras “Mary” ganaba sus risas en base al absurdo, “Knocked up” logra que las risas surjan de una premisa mucho mas natural: ¿que pasaría si dos personas que no comparten nada, salvo una noche de alcohol y sexo, se encuentran de repente embarazados?

Alison (Katherine Heigl, demostrando que tiene una carrera por delante mas allá de “Grey’s Anatomy”) es una bonita productora del canal E! que un día recibe una promoción a reportera en cámara (la escena de la promoción, con sus sugerencias veladas de perder peso ahora que va a estar en cámara, es impagable). Para celebrar, sale con su hermana a una disco de Los Angeles, donde conoce a Ben (Seth Rogen, impagable), un semi-gordito simpático que vive con sus amigos, fumándose y trabajando en un sitio web que cataloga escenas de desnudos en filmes de Hollywood. Luego de unos cuantos (muchos) tragos, terminan en la cama y, malentendido mediante con respecto al uso del preservativo, Alison termina embarazada.

Lo que sigue durante las dos horas y diez minutos de la película es una mirada tierna, a la vez que muy divertida, sobre el embarazo, las relaciones de pareja, el matrimonio, Las Vegas, y un cierto modelo de extendida adolescencia masculina (y si bien el modelo específico de clan de amigos no es tan común en Argentina, los roles y relaciones entre estos cuatro amigos son francamente reconocibles). Donde Judd Apatow (que antes dirigiera “Virgen a los 40 años”) se distingue es en el trato franco de cada situación – desde la conversación a la mañana siguiente de esa primera noche, hasta los esfuerzos de Ben por crecer, pasando por las discusiones del matrimonio de la hermana de Alison; todo tiene la pátina de lo vivido. Más que recomendable.

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