Nota: ya que muchos caen por aca haciendo una busqueda por Luisa Delfino en Yahoo, les cuento que un par de meses luego de este post “Te Escucho” se mudo a Radio del Plata, sabados a la medianoche
Debo admitir un pecado, y es uno grande: sentadito aquí en mi PC, a 12000 km de Buenos Aires, algunas tardes de sábado (diferencia horaria mediante), escucho a Luisa Delfino.
Las razones (excusas) son varias. Primero que nada, mi mamá la escucha cuando se va a dormir, auricular metido en la oreja, y de vez en cuanto el escuchar lo mismo me hace sentir un poco más cerca. Segundo, porque el fenómeno Delfino es una cosa tan pero tan argentina que uno se siente conectado al país: esa mezcla de sentimentalismo, psicoanálisis de barrio, lectura monocorde de cuentos, canciones de Maná y explotación intoxicante de la soledad urbana no se encuentra en todas partes (lo más parecido que me he encontrado en las radios americanas es una cierta Delilah, que recibe historias lacrimógenas mediante pedidos de canciones). Tercero, que la voz de Luisa Delfino es bastante parecida a la de mi mejor amiga, Bea (un dato que le he mencionado y me costó un sopapo virtual a través del teléfono) Y cuarto, por qué no admitirlo, porque el programa es el equivalente radial de un accidente en la autopista: uno sabe que no debiera mirar, pero el morbo es más que uno.
Por todo esto se imaginarán que cuando escuché la semana pasada que “Te Escucho” se mudaba de radio me dediqué a buscar dónde iba a acabar. Tras algunas varias sesiones infructuosas de Google, finalmente caí en Radio América, su nuevo hogar. Ahora sólo faltaba encontrar la hora del programa - considerando que en Continental el programa rebotaba entre las 9 y las 12 de la noche, no era una pregunta menor. Con todo esto me encajé a escuchar América, buscando la promo. Y de repente llegó: la voz dulzona de Luisa Delfino diciendo hooooola y la cita para las 11 de la noche.
Lo que me llamó la atención fue que con el cambio vino un cambio de cortina musical – al menos en la promo, la dulzona “Vivir sin aire” de Maná había sido reemplazada por “Save Me” de Aimee Mann. Y ahí me agarró una carcajada que no pude contener por un par de minutos.
¿Por qué tanta risa? Bien, Aimeé Mann es quizás la anti-Delfino. Una independiente a rajatabla, con cinco discos en su haber con títulos como “Qué me importa”, “Estoy con el estúpido” y “Soltero No. 2, o los últimos despojos del Dodo”, no podía imaginarme un contrapunto más delirante. Es obvio que alguién eligió la canción por su melodía tranqui y probablemente por el título. ¡“Sálvame”, Luisa! Lo que no se dieron cuenta es que “Sálvame” - de la banda de sonido de “Magnolia” - es precisamente una visión bastante despiadada de la mentalidad de víctima y co-dependencia en que se especializa Delfino: dejá de pedir que te salven, parece decir Mann, levantate de la silla y hacé tu vida. Peter Pan no existe, Superman tampoco, y pedirle a un pobre mortal que sea tu salvación está más allá de lo que se le debiera exigir a nadie.
Si les quedan dudas, aquí va la letra traducida
Tú pareces el encaje perfecto
Para una chica en busca de un torniquete.
Pero ¿puedes salvarme?
Vamos, sálvame.
Si puedes, sálvame
De las filas de los anormales que sospechan que jamás podrán amar a nadie.
Porque puedo entrever que tú sabes como se siente
El largo adiós de la huelga de hambre.
Pero me pregunto si puedes salvarme.
Vamos, sálvame.
Si puedes, sálvame
De las filas de los anormales que sospechan que jamás podrán amar a nadie.
Me dejas atontada como el radio,
Como Peter Pan, o Superman
Tu vendrás a salvarme.
Vamos, sálvame.
Si puedes, sálvame
De las filas de los anormales que sospechan que jamás podrán amar a nadie,
excepto a otros anormales que sospechan que jamás podrán amar a nadie
sino a los anormales que sospechan que jamás podrán amar a nadie.
Y así, una canción más tarde y con una sonrisa cómplice me apresto a escuchar a Luisa Delfino en alguna semana venidera – al fin y al cabo, la conciencia de lo kitsch es la mitad de su disfrute.