El drama de un Starbucks
Y no es para menos. Por mas que la “experiencia Starbucks” nos parezca nada más que otra versión sintética de la realidad, en muchos lugares deprimidos económicamente aún es lo mejor que hay.
Un recuerdo del año pasado, al parar con un crucero en Ensenada, México - ciudad espantosa si las hay, al menos en su centro comercial (me dicen que las playas de las afueras están muy bien). Allí entremedio de locales de souvenirs, olores cloacales e incontables puestos callejeros estaba un reluciente Starbucks recién abierto, con sus sillones y su chimenea en la terraza, una joya entre tanto carbón. Ese Starbucks, como el que está cerrando en Newark, era más que un negocio - era una esperanza para la revitalizacion del casco urbano.
Quizás en Alto Palermo, en una ciudad con miles de espacios accesibles y cómodos no sea gran cosa. Pero en muchas otras partes, sí.
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