22/6/08

La cancion del domingo - 22/6/2008


Hace mucho que no hago esto, así que me desquito con dos canciones pegaditas que en los ultimos días no dejo de repetir en mi Ipod. Matt Nathanson es un cantautor de San Francisco, con algunas canciones mas o menos conocidas (algunas de sus canciones aparecieron en shows de TV - la segunda interpretada aquí, “I saw”, fue usada en un episodio de “Scrubs”) y un catálogo de canciones intimistas que vale la pena escuchar y que se merece una mayor audiencia. Les recomiendo su álbum acústico “At the Point”, como para comenzar. Que empiecen bien la semana

Margot y la boda (Margot at the wedding, 2007)

Margot y la boda
Hay ciertas películas que no se pueden definir o calificar en base a su argumento, sus actuaciones o sus rubros técnicos; sino que es más justo referir al estado emocional que despiertan en el espectador. Es el caso de “Margot y la boda”, y por tanto me ofrezco a dar mi resultado como guía: vi el filme con interés pero sin creerlo lo mejor, salí del cine madrileño a unos 35 grados de calor sintiéndome en un invierno interior, y a las tres cuadras se me llenaron los ojos de lágrimas.

La historia es pequeña y como en muchos filmes intimistas (vienen a la memoria incontables filmes franceses, los Bergmans más intimistas y sus ecos en Woody Allen, y “La ciénaga” de Lucrecia Martel) casi sin importancia. Margot es una escritora de cierto éxito que junto a su hijo adolescente viaja a la casa familiar para presenciar la nueva boda de su hermana, con la cual no se habla desde hace un tiempo. Lo que importa es la maraña de sentimientos e interacciones entre estos personajes, todos dañados de maneras visible o invisible, generalmente por alguna otra persona en este núcleo.

Las relaciones demostradas aquí son tan complejas como las que se ven en la vida real, sobre todo en el tira y afloja de las dos hermanas centrales, que tanto compiten por establecer su primacía como al mismo tiempo se buscan para combatir la soledad; quizás entendiendo que la otra las conoce como nadie. Kidman como Margot comete quizás las crueldades más grandes entre las dos, revelando secretos y traicionando confianzas casualmente, utilizando los secretos de familia como inspiración novelística; pero es difícil verla como una villana: su Margot parece no darse cuenta de nada más allá de sí misma, y es claro que utiliza la verdad como excusa por su falta de empatía y su ceguera emocional (debo decir que una línea en la que se defiende diciendo “bueno, dije la verdad, ¿no es eso lo más importante?” me pegó cerca; por haberla visto usada antes entre miembros de mi propia familia). Su vacío emocional la lleva a forjar un vínculo dañino con su hijo, al que acerca y aleja a discreción con cierta crueldad, lo mejor para mantenerlo vulnerable.

No es esta una película esperanzadora, y quizás la resolución (quietamente devastadora, eliminando la esperanza de una evasión del futuro de este círculo vicioso de disfunción) es lo que me ha dejado el gusto más amargo. Y la explicación de esas lágrimas atrasadas.

El elenco es impecable, sobre todo en las actuaciones de Jennifer Jason Leigh como Pauline (la hermana de la boda) y Zane Pais como el hijo de Margot. La fotografía lavada ayuda a esa sensación de páramo, donde los mejores sentimientos van a morir.

Nota: En Argentina este filme no fue lanzado en salas, pero se encuentra en DVD editado por AVH

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14/6/08

Sex and the City (2008)

Sex and the City
Al salir de la proyección de Sex and the City, una pregunta me martillaba en el cerebro, una y otra vez: ¿Esto es todo?

No me refiero a los ridículos 145 minutos que dura el filme, que bien pudieran haberse acortado en 30 o 40. Ni a la presencia en pantalla de las cuatro actrices principales, las cuales tienen amplios minutos y algunos buenos momentos. Lo que me deprimió de “Sex and the City” en su versión fílmica es la visión reduccionista que ensaya sobre el género femenino. Estas cuatro mujeres se definen en base a un y sólo un aspecto: sus hombres. Triste.

Triste porque si el cine es una máquina de sueños, en la que la audiencia ve reflejados sus más íntimos e inalcanzables deseos, entonces bien diría que la evidencia durante estas dos horas y media marca que el género femenino ha vuelto atrás en los últimos treinta años. Ya en el comienzo, Carrie propone que las mujeres vienen a Nueva York en busca de dos cosas: etiquetas (es decir, moda de nombre) y amor. ¿En serio? ¿Es posible que no entre en la ecuación la carrera, el deseo de abrirse paso en el mundo en base al talento propio, la independencia? ¿Puede ser que lo único que importe sea con quien están casadas o quién tiene el placard más grande?

Es un fenómeno extraño el artefacto cultural que, pasando de la pantalla chica a la gigante, termina achicándose en sus ambiciones. En sus seis temporadas en HBO, la serie tuvo mucho de comedia (mucho más que el filme, que se apoya más en el drama), mucho de sátira social al consumo desenfrenado, una mirada bastante adulta sobre los vaivenes relacionales de las mujeres entre 20 y 40 y, por supuesto, bastante sexo. Y durante esas seis temporadas, las cuatro protagonistas formaron personalidades definidas y multifacéticas, pasando por la esfera laboral, de las ambiciones, de las relaciones interpersonales y del amor. Fueron seis años de una serie que seguí a rajatabla y volví a ver repetidas veces; tan ricas y variadas eran sus historias y tan abiertos sus desenlaces.

Pero ahora, bien entrado el 2008, la pluma de Michael Patrick King parece haberse secado y nuestras heroínas se definen no tanto en base a ellas mismas o sus interacciones con otras mujeres, sino lisa y llanamente en relación a sus hombres: Miranda en sus problemas con Steve, Carrie con Big, Samantha con Smith (Charlotte, bien gracias: a su personaje le tiran un embarazo a las dos horas como para darle algo que hacer). Esto hace que el retrato de la relación de estas cuatro amigas sufra: sus charlas no son ya tanto de igual a igual, viendo con asombro al mundo masculino que las rodea, como era antes; sino que se ha vuelto un recuento de que debieran o no debieran hacer para ser felices en sus relaciones de pareja. Nunca tantas hablaron de tan poco.

¿Cómo hemos vuelto a una época en que cuatro mujeres adultas y supuestamente independientes se definen en base a “Señora de”? ¿Y quienes son estos hombres tan apetecibles como para definir vidas en base a ellos, que sólo aparecen en pantalla con cinco líneas cada uno? La respuesta quizás esté en algún estudio sociológico afuera de la sala. Esta película, en su visión materialista y reducida del mundo femenino, ni siquiera intenta formularla.

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11/6/08

La nueva excusa

Volver luego de dos semanas de vacaciones y todavía encontrarse con el tema del campo se vuelve un poco frustrante, sobre todo por las señales de altanería que sigue dando el Gobierno (que parece que sigue sin entender por qué absorber las ganancias de un sector como si fuera su derecho causa tanto revuelo – una opinión sólo entendible si el Gobierno cree que a) siempre tiene la razón o b) cree en la teoría de que la economía es propiedad del Estado y el resto solo la alquilamos por un rato para jugar de acuerdo siempre a sus reglas; o una combinación de ambas)

Pero luego de tres largos meses, Cristina ha decidido dar la discusión por terminada (algunos diríamos que nunca comenzó). En una maniobra política para tratar de legitimizar los aumentos a las retenciones, finalmente lanzó un plan que dictamina que todo lo que se aumenta irá a causas sociales. La maniobra no es totalmente descabellada: por un lado le pone una cara al dinero, más allá de la de los productores, y queda (o intenta quedar) como Robin Hood, sacándole a los más ricos para distribuir hacia los más necesitados. Parecería genial. Pero no tan rápido.

Primero que nada, queda abierta la instrumentación de cómo se distribuirá el dinero. Considerando que llevamos 4 años de Kirchner y medio de Cristina utilizando la coparticipación federal como un sistema de premios y castigos a los intendentes y gobernadores, dependiendo de cuán cerca se alineen con el Gobierno, esto no es un problema menor. Si tenemos un sistema (el de coparticipación) que ya es falto de transparencia, agregar 800 millones de dólares a distribuir no va a solucionarlo, sino todo lo contrario. Si en verdad quieren que los productores estén de acuerdo con este plan, el destino de los fondos tiene que ser muy claro, y en gran parte ir a obras en las provincias productoras, sin importar su signo político. Algo me dice que terminarán en el conurbano, alimentando la estructura de pobreza y clientelismo que los Kirchner aprendieron a armar de Perón.

Pero, más fundamentalmente, hay una discordancia de fondo entre las razones dadas originalmente para las retenciones móviles y el destino de sus fondos a causas sociales. Si mal no recuerdo, lo que se dijo era que las retenciones se aumentaban en gran medida para reducir la sojización del país y disminuir su cultivo. Siguiendo esa lógica, una reducción del cultivo llevaría a una reducción de la recaudación por retenciones (porque hay menos producto para exportar), haciendo que estos fondos disminuyan con el tiempo. Lo cual implicaría que estas obras que ahora se pretende hacer quedarían sin fondos para hacerlas. Mal plan.

Por supuesto, muchos vimos al argumento de disminuir la sojización como simplemente una excusa cínica: lo que se pretendía desde siempre era capitalizar en las ganancias para llenar las arcas del Estado, en un momento en que el gasto público crece desmesuradamente como tiende a hacerlo en Argentina cada vez que tenemos algo de crecimiento. Con lo cual Cristina y sus ministros no esperan que la recaudación baje por menos producto exportable, sino que se mantenga. Pero en esto se equivocan: con mayores retenciones bien puede ser que la consecuencia sea, efectivamente, menos cultivo de soja y de otros productos gravados en exceso. Y con esto, estas obras pueden bien terminar desfinanciadas y creando aún más déficit para el país. Pero eso no importa, porque habrán servido su cometido: proveerle al gobierno de Cristina de una excusa socialmente aceptable en su pulseada con el campo.

Y al final los pobres, nuevamente, terminarán defraudados por un Gobierno que los sigue usando como excusa para sus fines políticos.

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10/6/08

Vuelta al ruedo

Terminadas las vacaciones, con algunas lecciones aprendidas: mas que nada, que no conviene tocar demasiados destinos en dos semanas, je. Pero todo muy bien: estuvimos por el concierto de Kylie Minogue en Colonia, Alemania, luego una pasada por Milán, unos días en Girona (Catalunia, una de mis paradas favoritas) y luego un crucero de unos días por el Mediterráneo terminando en Barcelona. Subiré fotos a Flickr mas tarde, las pueden ver por la columna derecha de esta pagina.

Y algunas otras cosas recomendables - comencé a leer “Historias de la zona tórrida” de Alexander Frater, un libro de viajes por los trópicos que es fascinante y mezcla historia personal con datos y viñetas de sus viajes de 30 años por esa parte del mundo. Me quede helado viendo el nuevo vitral de Gerhard Richter en la catedral de Colonia. Y la Sagrada Familia, en Barcelona, con sus frutas en los techos, me hizo sonreír como nunca lo ha hecho catedral alguna. Comimos quizás la mejor comida que haya tenido en España en un restaurante de Girona, llamado Divinum. Me quede con ganas de volver a Berna, en la que paramos por seis horas para cambiar trenes y juramos volver (aparte comimos una fondue, como no podía ser de otra manera en Suiza).

Ahora sera cuestión de ponerse al día con el trabajo (ugh) y las noticias de Argentina (doble ugh)…