Lousteau en TN
Preocupante escucharlo a Lousteau en TN, defendiendo las medidas con un argumento casi totalitario: que como ellos ganaron en las urnas, el resto tiene que callarse y dejar que se implemente un modelo de “redistribución del ingreso”. Preocupante porque eso implica que Lousteau cree que es totalmente legal confiscar las ganancias de un sector basado en la mayoría política. ¿Dónde queda entonces, ante esta posición, el derecho a la propiedad privada y al ingreso privado? ¿Es atendible que el Estado considere que puede simplemente tomar esta ganancia en base a sus necesidades sin mas ni mas, aun cuando quiera pintarlo como un imperativo para que los más pobres puedan comer? Véase, aparte, como el argumento ha cambiado en los últimos días: de evitar el sombresembrado de soja a uno más sentimental de que esto es para que no suban los precios de la canasta básica. Es una mentira, y llega tarde.
También estoy muy cansado del mensaje en base a la lucha de clases. Las referencias de Lousteau a los que “viven en Santa Fe y Callao”, o a aquellos “que todavía quieren vacacionar en el exterior cuando otros se mueren de hambre”, o llamar a quien sea que esté en desacuerdo perdedores agretas no ayuda a nada. Ese tipo de dialéctica murió – gracias a Dios – con los años 70 en el resto del mundo. Y si bien hay fuerzas en Argentina que resisten y desean mantener a este enfermo en respirador ad eternum para sacarlo cuando les convenga, es hora de enterrarlo. Todo el mundo se merece vivir en un país donde el ingreso no sea confiscado, donde la carga fiscal esté bien distribuida entre todos y las reglas sean claras (ayudaría en esto el que los impuestos sólo puedan ser cambiados por ley con mayoria de los 2/3, como en otros países, y no por capricho del Ejecutivo) y sus resultados sean claramente visibles para la población (léase obras / educación / justicia / salud, no aviones presidenciales y partidas reasignables por superpoderes), donde el Estado sea frugal y controlador de sus propios gastos (ya que al fin y al cabo, gasta con la plata de otros) y donde alcanzar la riqueza sea una aspiración noble de todos y no el motivo de un rencor político socialista perimido.
Sin embargo estoy de acuerdo con Lousteau, nuevamente, en que no se pueden cortar las rutas y que se debe permitir el abastecimiento. Cada productor individual tiene todo el derecho a hacer huelga y no vender sus productos al mercado, pero de la misma manera no tiene derecho a impedir que otro sí venda los suyos. No puede haber en esto una medida coercitiva – si el campo está unido en esto, tiene que ser por propia voluntad, no por amenazas en las rutas.
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