El otro lado de la lamparita
Greenpeace arma un golpe publicitario, y compra todas las lamparitas incandescentes de un supermercado para pedir que sean prohibidas de aquí al 2010, en favor de las lámparas fluorescentes de bajo consumo. De acuerdo en cambiar las lámparas donde se pueda – en mi casa tengo unas 15 instaladas. Pero de lo que se están olvidando es que pasa del otro lado, cuando se muere la lamparita de bajo consumo. Las lámparas incandescentes son bastante inocuas, y se pueden tirar a la basura sin pensar dos veces. Pero las lámparas de bajo consumo contienen mercurio y otros metales tóxicos y deben ser tratadas como tales al tirarse a la basura – una sola lámpara tiene bajas cantidades, pero imaginen un basural lleno de lámparas de mercurio y se darán cuenta del problema. De hecho, en San Francisco (donde vivo, para aquellos que recién caen por aquí) está prohibido tirarlas a la basura y existen lugares específicos para depositarlas y reciclarlas.
¿Qué pasaría si, en el modo argentino, simplemente cambiáramos todas las lamparitas sin tener en cuenta un plan para reciclarlas al final de su vida útil? Pues que terminaríamos con basurales llenos de materiales tóxicos, los cuales terminarían ensuciando la tierra, las napas y el aire. Por supuesto que ya estamos atrasados en esto, porque no es cuestión de las lamparitas. Lo mismo cabe para las baterías de alto consumo (como las de celulares), los aparatos electrónicos y de computación, etc. Todos estos materiales son no degradables y crean peligros en un basural abierto. Entonces – sí a las lámparas de bajo consumo, pero sólo si al mismo tiempo definimos como disponemos de la basura de manera responsable.
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