Bourne: el ultimátum (The Bourne Ultimatum, 2007)

Fácilmente la mejor película de acción que haya visto en un par de años (y esa calificación incluye a las dos anteriores, ya que este eslabón es el mejor de la serie), el nuevo capítulo retoma la historia en el período entre las dos últimas escenas de “La Supremacía Bourne” – Bourne está en Moscú, todavía herido por su ultimo encontronazo con el servicio secreto ruso y tiene que escapar hacia Occidente. En la primera hora, Bourne pasará como una bala por Londres, Madrid y Marruecos siguiendo la pista de un informante que tiene más datos sobre su identidad perdida. Con parte de estos datos en mano, Bourne llega a Nueva York para finalmente recuperar su pasado.
En este viaje, nos encontramos también con la visión más paranoica hasta el presente de nuestro sobrevigilado mundo actual. Para todos aquellos que alguna vez hemos pensado “bueno, no está mal poner cámaras de vigilancia en todos lados para evitar crímenes”, Greengrass nos da vuelta el tablero con un juego de gato y ratón globalizado donde todo bit de información es pasible de monitoreo. Desde mensajes de texto monitoreados en busca de palabras específicas hasta cámaras que sirven para que un tirador encuentre a su presa, todo es pasible de tergiversación, depende de quien está al mando de los controles.
Greengrass maneja su cámara portátil como una de las tantas armas de sus espías – está siempre ahí para darnos otro golpe, otra sensación, otro minuto al borde del asiento. La cámara se mueve y mucho, pero este recurso que mal manejado me da asco (véase “El Proyecto Blair Witch” como el peor exponente del tema), aquí sirve al objetivo. Eso sí - el mejor consejo que puedo dar para evitar la sensación de mareo es sentarse de la mitad de la sala para atrás.
Damon tiene los movimientos ágiles a tono con la acción, y en algún momento se ablanda un poco para mostrar su lado humano. Por otra parte es bueno ver a la casi siempre desaprovechada Julia Stiles con algo más que hacer que en las primeras dos entregas. Y finalmente David Strathairn es perfecto en su estolidez de villano (es fascinante ver como la misma actitud puede funcionar exactamente a la inversa de cómo lo hizo en “Buenas noches y buena suerte”).
Para ir a ver en pantalla grande, grandota y con mucha gente. Disfrute asegurado.
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