El origen de la tarantela
The New Yorker es mi revista preferida desde hace años, sobre todo por la profundidad de ensayos que publica sobre los temas más diversos (ok, admito que leo también Entertainment Weekly religiosamente, yin / yang que le dicen).
Ayer me encontré leyendo esta historia, publicada en el número de la semana pasada , sobre una científica que investiga arañas. Es un artículo impresionantemente bien escrito, con un montón de pequeñas anécdotas que nos cuentan sobre las arañas, la investigadora, y la historia de cómo fueran percibidas o estudiadas las arañas en distintos tiempos (incluyendo algunos episodios que parecen de chico de 10 años ejecutando su crueldad en los animalitos del patio, más que de investigadores).
Entre todo esto, este factoide me hizo reír en voz alta:
La más notoria araña en Europa en la época de Fabre era la tarántula italiana, Lycosa Tarantula. Tomando su nombre de la ciudad de Taranto, en la costa sur, ésta era una enorme y pavorosa araña peluda –ninguna relación con las tarántulas americanas – cuya mordedura se decía causaba la locura, la melancolía y finalmente la muerte. La única esperanza de una víctima era bailar frenéticamente por días y noches, a menudo acompañada por violines y flautas, hasta que su cuerpo cayera exhausto, agotando así el veneno. Liszt, Chopin y Mendelssohn escribieron más tarde piezas para versiones estilizadas de estas danzas, las que fueran llamadas tarantelas.
Impresionante, ¿no? Acá les va la imagen de la tarántula en cuestión. Y no, el veneno de esta tarántula no presenta casi ningún riesgo para el ser humano. Aparte tienen buena vision y nos escapan como a la muerte misma.
Dicho sea de paso, The New Yorker acaba de relanzar su sitio web con un nuevo diseño. Vale la pena chequearlo y leer algunas de las historias de la semana, que se pueden ver gratis (por otra parte, seguro que pueden encontrar los más recientes números en la biblioteca del ICANA).
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