
Hace mucho, pero mucho tiempo que no sentía ganas de llorar leyendo un libro – así que no es poca cosa decir que en algún momento de muchas de las nueve historias de
este libro de Adam Haslett se me llenaron de lágrimas los ojos. Una colección centrada en las incomprensibles vueltas de la mente humana y la angustia que una enfermedad mental crea en aquellos que la sufren y en sus familias, cada relato tiene una precisión metronómica y una economía de lenguaje envidiable y casi cada uno de ellos lleva una carga emotiva difícil de narrar. Desde el primer relato, “Notas para mi biógrafo”, en que un inventor bipolar decide visitar de repente a su hijo en Venice Beach; pasando por los hermanos co-dependientes de “Devoción” (una de mis historias favoritas de este libro), el suicida de “El fin de la guerra” que recibe un poco de tranquilidad en consolar a otro enfermo terminal, o el niño que ve un futuro poco feliz en “Premonición”; todos los personajes de esta colección son casi indelebles en la memoria.
La única historia que me pareció un poco pintada a trazo grueso fue “Reunión”, acerca de un oficinista que está muriendo de SIDA y decide no atacar su enfermedad para reunirse con su padre ya muerto. Y párrafo aparte merece la historia más difícil de esta colección, “En el principio del dolor”, que logra generar empatía de una situación límite. Altamente recomendable.
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