Parar la pelota
Sigue la discusión sobre las edificaciones en la Ciudad de Buenos Aires, y lo que me llama la atención es siempre la estrechez con que parecen estar definiendo “impacto ambiental”: siempre se menciona agua, luz y gas, pero nada más.
Es más, en esa nota el prosecretario del Consejo Profesional de Ingenieros Civiles, salió a decir lo siguiente:
“Hicimos un estudio que demostró que la infraestructura actual alcanza, salvo en algunas zonas muy puntuales donde hay problemas con el agua corriente. Los problemas con los servicios se deben a falta de mantenimiento, no al auge de la construcción”
Mmm, por si le ayuda, acá le va una lista de cosas que no creo que el señor Sgrelli o su organización evaluaron, y que son tan o más importantes que una coyuntura de tal o cual proveedor de servicio público:
- Tránsito - número de cocheras que se están construyendo y por tanto de autos que residirán en la zona y su impacto sobre calles y avenidas. En el caso de instalaciones comerciales, número de consumidores multiplicado por el porcentaje de ellos que vendrán en auto. Ver la situación actual de tránsito, embotellamientos, estacionamiento, etc. y agregar todos estos cambios.
- Transporte público – ¿cual es la carga adicional sobre trenes, colectivos, taxis y subterráneos de estos nuevos habitantes o consumidores?
- Transporte de cargas – mas negocios / viviendas implican más camiones de reparto de bienes y servicios, nuevamente ¿cuál es el impacto sobre calles y avenidas, tanto en uso y desgaste como en tráfico?
- Recolección de basura – ¿existe suficiente capacidad para recolectar y disponer de la basura adicional que se va a generar?
- Ruido – ¿cual es el promedio de decibeles extra de todo este movimiento agregado, tanto durante la construcción como a largo plazo?
- Uso de espacios públicos – cada plaza / parque puede soportar un cierto número de vecinos, por lo que debe calcularse como afecta la nueva población a la oferta existente.
- Infraestructura comercial – ¿cual es la oferta de supermercados, comercios y demás servicios en la zona? Porque todo esto tiene implicancias sobre el tránsito
- Seguridad – Obviamente, todo aumento de número de habitantes de una zona implica un impacto sobre el numero de habitantes por cada policía, y la necesidad de expandir la fuerza.
- Emergencias – Mismo que el punto anterior sobre el servicio de bomberos y paramédicos
- Escuelas – ¿existe suficiente oferta educativa a todos los niveles para todos los nuevos residentes?
- Líneas telefónicas y torres de celulares – ¿existe suficiente banda para soportar a todos los nuevos usuarios?
- Arbolado – ¿se van a derribar árboles como parte de la construcción? ¿Como se van a reemplazar?
- Hospitales y salas de salud - ¿existe suficiente número de proveedores de salud, tanto de emergencias como de atención general?
- Impactos sobre especies animales – ¿estamos perturbando pájaros y demás?
- Línea de vista - ¿cuál es el impacto del proyecto sobre la sensación general del barrio, su horizonte, su acceso a la luz solar, etc.?
- Perfil Arquitectónico - ¿Impacta el nuevo proyecto las líneas que se pretenden lograr para el barrio en general?
Lo que esta larga (e incompleta) lista implica es lo siguiente: como al fin y al cabo no es el negocio inmobiliario el que va a pagar por nuevas escuelas, nuevos hospitales, más parques, más policía y bomberos, etc; no es el negocio inmobiliario el que tiene que manejar como y donde se construye. Es el gobierno de la Ciudad, porque la Ciudad tiene la obligación de proveer o garantizar estos servicios a sus habitantes.
Y por esto es que existen los permisos a la construcción – no como una rúbrica automática de lo que los constructores desean hacer con un terreno que les pertenece, sino como una fase de planeamiento integral de un barrio y de la Ciudad en general. Si bien es cierto que algunas de estas cosas se evaluan para cada proyecto, lo que falta en Buenos Aires es la posibilidad de evaluarlos dentro del contexto de todas las otras construcciones en la zona. Un edificio no es una isla, y es casi irreversible – una vez que está, la posibilidad de demolerlo y corregir desviaciones es casi nula. Por tanto conseguir un permiso debiera ser un proceso largo, tedioso y exhaustivo – no algo que se discute por dos minutos porque alguien va a poner plata encima en el nombre de la bendita “inversión”.
Hasta que no entendamos esto, vamos a seguir construyendo a troche y moche en nombre del progreso. Y para cuando nos hayamos dado cuenta, Buenos Aires va a ser un caos aún mayor de lo que es hoy.
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