28/2/07

Otra vision sobre el desarrollo urbano

Finalmente la Sociedad de Arquitectos tiene un comentario sobre el crecimiento no planificado en Buenos Aires:

“Sin planificación, prima lo que le interesa al mercado. Eso garantiza el negocio, pero no una mejor ciudad —dice Daniel Silberfaden, presidente de la Sociedad Central de Arquitectos—. En la pos crisis de 2002, el ahorro de las clases pudientes se volcó a la construcción de viviendas. Lo paradójico es que Buenos Aires no crece. De seguir así, ni siquiera va a ser una ciudad dormitorio y podría terminar con muchos edificios vacíos. Un ejemplo es Puerto Madero, donde sólo un 20% de las ventanas están iluminadas. Esto pasó en ciudades como Barcelona, donde se especuló con el crecimiento de la propiedad inmueble. Se construía y se cerraba, hasta que fuera un buen negocio. Y en diez años el valor subió un 70% en euros.” (énfasis agregado)

De acuerdo. El artículo explica bastante claramente por qué se necesita planeamiento urbano y es una buena reseña. También es interesante ver como la visión de los arquitectos se contrapone a la de los ingenieros civiles – probablemente porque al gremio de los ingenieros civiles lo único que les interesa es construir y tener puestos de trabajo, lo cual si bien es atendible es notablemente falto de visión.

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26/2/07

Otra de plagios

Este fin de semana, saltando por los blogs, me enteré finalmente del tema del Premio Planeta / La Nación de novela, el que fue declarado desierto luego de que el ganador fuera hallado culpable de plagio: la novela “Bolivia Construcciones”, del periodista Sergio Di Nucci, básicamente replicaba 40 páginas de una novela anterior – “Nada”, de Carmen Laforet – escrita en España en los años 40, cambiando simplemente los nombres de los protagonistas y algún verbo por demás castizo.

Esto llevó a una carta de profesores de Filosofía y Letras apoyando al autor y una discusión bastante sesuda en varios blogs, incluidos los del director del suplemento cultural del Diario Perfil y el ex director del suplemento Radar de Página/12. En éste ultimo, me encontré con esta perlita, proferida por Jorge Panesi, Director de la carrera de Letras de la UBA:

“La acusación de plagio implica cuestionar toda la literatura moderna. Además, la literatura es el territorio del robo, todos roban, todo aquel que escribe roba, la literatura implica la suspensión de la moral.

[…]

El plagio en la literatura no existe, en cambio, existe el robo. Así, hay quienes adoran a los ladrones y consideran al robo como una de las bellas artes. Por eso, hay robos mal hechos y robos bien hechos. En este sentido, considero que Bolivia Construcciones es un robo bien realizado.”

Yo entiendo que algunos puedan tratar de defender lo que es un plagio en nombre de la libertad de creación o recreación de otros textos – mucha de la discusión se ha centrado en la cultura del “sampling” o en el concepto de “intertexto”, ese ida y vuelta entre varias obras literarias de distintas épocas. Pero hay una diferencia grande entre referirse a una historia conocida para transferirla a otro contexto original, o tomar un concepto y ponerlo de cabeza para responderle al autor (el ejemplo que me viene a la mente es el de “Las Horas”, donde Michael Cunningham toma ideas, paralelos, el título original y hasta a la misma Virginia Woolf en su diálogo literario con “La Señora Dalloway”); y el simple acto de introducir 40 páginas copiadas (dicho sea de paso, de un trabajo poco conocido y sin siquiera mencionar al autor original) sobre un total de 180, cambiando simplemente los nombres y algún que otro verbo y pretender que se trata de un homenaje. Esto lo mismo que decir que aquel que se apropia de una casa vacía y la declara suya en realidad está homenajeando al dueño de la propiedad. En este contexto, Di Nucci no es un escritor: es un “okupa” literario, un simple delincuente.

Y por último, la cita de Panesi me preocupa terriblemente: ¿si así piensa el Director de la carrera de Letras, que queda para aquellos que se están formando en la UBA?

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23/2/07

Soñadoras: Dreamgirls (2006)

Dreamgirls
Llevar a la pantalla un musical de Broadway es siempre una apuesta complicada, especialmente si es un musical famoso. Primero que nada estan las comparaciones, siempre odiosas ¿es mejor la versión escénica o la del filme? ¿y como se comparan los talentos de la version teatral con aquellos del cine?

Dreamgirls tiene que afrontar estas comparaciones, si bien de una manera menor que digamos “Rent” o “El fantasma de la Opera”, por ser un musical menos famoso mas allá de las fronteras americanas. Y sobre todo tiene que afrontar un fantasma: el de la monumental Jennifer Holliday y su famosa versión de “And I am telling you I am not going” (”Y te digo que no voy a irme”, un título que suena a desafío pero es más auto-humillación y ruego), una canción emblemática si las hay y que pone la piel de gallina.

Empecemos entonces por lo bueno - la nueva Effie, Jennifer Hudson, logra lo imposible: que en el traspaso a la pantalla Effie sea diferente a la versión de Holliday y verdadera a sí misma. Esta Effie versión 2006 es monumental, creíble, orgullosa, llena de penas y canta como los dioses. Cada sentimiento de Effie está modulado impecablemente: desde el ego inicial que enmascara 1000 inseguridades, pasando por la desazón brutal de verse reemplazada, hasta su humildad un poco tardía, Hudson entrega un debut para las épocas. Y su versión de “And I am telling you…” se las trae: comienza suave y termina como debe - un aullido feroz de una leona herida de muerte, su orgullo tendido a los pies de aquellos que la abandonan.

Que Hudson se robe cada escena en la que está a fuerza de vitalidad y carisma no significa que Beyonce no haga un buen trabajo. Pobre Beyonce - a ella le toca el rol ingrato: el símil Diana Ross que tiene menos talento pero mas comerciabilidad y por tanto es empujada al frente. Que Beyonce actúa el papel a conciencia está marcado en lo que no se ve: estrella total, con una voz envidiable, Beyonce tiene que esconder todo esto detrás de una voz y apariencia casi tímida hasta desatarse en “Listen”, su himno de liberación al final. En el conjunto, Beyonce no decepciona. Eddie Murphy entrega una composición exacta de una especie de James Brown en decadencia - poco hay acá de ese egocéntrico actor de los años 80 y quizás se lleve un Oscar por esto mismo.

Ahora bien, si bien la película es buena y se lleva fácil, no conecta en algunos puntos. Primero que nada en un final edulcorado que poco tiene de realista - después de mostrar tantas traiciones y demás, la nota del final suena demasiado facilista, especialmente considerando las fuentes (el referente de Effie en la vida real, Flo Ballard de las Supremes, murió casi olvidada y en la pobreza a los 32 años. Chupate ese “happy ending”). El final triste se lo reservan a otro personaje, un poco a la manera de esos especiales de “Decile no a las drogas”. Y por último, un problema que le viene de arrastre a este musical - buen libro (sacando el final), pero canciones mas o menos olvidables. Salvando 3 de las canciones (las ya mencionadas y “I am changing”, también cantada a la perfección por Hudson) no hay nada en este musical que valga la pena escuchar fuera de la película misma. Es una pena: el argumento, basado en la historia y apogeo de Motown Records, daba para mejor música, pero muchas de las canciones son Broadway hecho y derecho e intercambiables entre sí. Y aunque todo eso se olvide por unos minutos ante la visión exhilarante de Jennifer Hudson arrancándose el corazón en 2 pedazos, al final queda el sabor de una oportunidad perdida.

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22/2/07

Bilbao, Barcelona… Pinamar?

Pinamar quiere llevar turistas todo el año y se vuelca al arte. Loable. Un poco miope creer que una sola cosa logra llevar turistas los 12 meses, pero loable. Y las comparaciones que se hacen a sí mismos no los ayudan:

“Como Bilbao o Barcelona, queremos que el arte tenga un nuevo lugar en el mundo. Y ese lugar es Pinamar”

Bilbao y Barcelona son ciudades con una población estable y una rica tradición, Pinamar es un reducto de turismo y nada más. Una comparación más adecuada sería Carmel, o Sausalito en California – ciudades pequeñas que tienen una movida de arte importante, que ayuda al turismo pero no es de nivel mundial.

Pero en Pinamar creen que pueden más:

“Como el Centro Pompidou en París, buscamos crear un hito arquitectónico con contenido propio”, dijo Di Francesco.

Nada como soñar en grande. Cuidado con los golpes al bajar…

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20/2/07

Despacito, por ley y dispositivo

El presidente de la Cámara de Diputados presentó un proyecto de ley que obligaría la instalación de un dispositivo que limite la velocidad de un auto o moto a 140 km. por hora. El pensamiento es ridículo: como la gente maneja mal y rápido, restrinjamos el vehículo. Es como si porque la gente no usa preservativo le vamos a injertar uno de prepo al nacer. Otra vez, parece que la responsabilidad personal en Argentina no cuenta para nada: para nuestros políticos somos todos nenes de 12 meses.

Pero otorguemos el beneficio de la duda: digamos que poner un dispositivo restrictivo reduce los accidentes por alta velocidad. ¿Qué hacemos con aquellos causados porque la gente maneja mal, tiene poca educación vial, viola el límite de velocidad en rutas y calles, no usa el cinturón de seguridad, mantiene mal su vehículo, pasa con doble línea amarilla, maneja entre carriles, no señala la intención de doblar, cruza con luz roja, cruza caminando a mitad de cuadra, etc.? ¿Qué dispositivo vamos a inventar entonces?

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19/2/07

Examen de conductor

La Ciudad de Buenos Aires está cambiando el examen escrito para obtener la licencia de conducir, haciéndolo más difícil. En adelante, serán 30 preguntas de elección múltiple (nota para Clarín: es posible encontrar traducción castellana para ”multiple choice”) y cubrirán señales, operación del vehículo, y otras áreas que hacen al buen manejo.

Hasta ahí todo bien. Lo que no entiendo es por qué para aprobar se exigirán sólo 21 respuestas correctas, o el 70% por ciento del examen – esto significa que de cada 3 respuestas, el examinado no necesita saber una (por comparar, en California el examen tiene 36 preguntas, y hay que contestar 31 de manera correcta, o casi el 87%; y el examen se puede tomar hasta 3 veces – el de Buenos Aires no menciona ningún límite). Si pensamos que el conductor va a estar detrás del volante de una máquina que puede matar a alguien: ¿no querríamos que esa persona se sepa las reglas casi de manera perfecta? Otra vez parece que el gobierno toma la ruta de la mediocridad por sobre la de la seguridad.

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Cuando la crítica es panfleto

Hace unos meses les pegué duro a los críticos argentinos por no ser demasiado personales en sus revisiones de los estrenos. José Pablo Feinmann no es un crítico (aunque sí es un prestigioso guionista, sobre todo de sus propios libros), pero demuestra que es posible bandearse para el lado contrario: es posible ver una película con tanto preconcepto y llevando tanto equipaje ideológico antes de entrar al cine, que se vuelve imposible criticar una obra de arte por sus méritos. Esto es lo que hace Feinmann en su nota sobre “La reina”, la película de Stephen Frears que se estrena esta semana.

La nota es risible en la cantidad de odio que conlleva contra Isabel II, y por la manera en que totalmente equivoca el sentido de varias escenas, insultando a quien se le cruce en el fervor de su vituperio. Párrafo típico:

“Como hay que humanizar a Isabel II y darle algunas escenas a Mirren para que se gane el maldito Oscar, el film se mete en uno de sus laberintos más, indeliberadamente, jocosos. Esto, técnicamente, se llama: “Unwanted laugh”. Risa no deseada. Es así: Isabel se sube a una monárquica 4x4 y se atraviesa un río y sale a un lugar con mucho verde. Detiene la 4x4 monárquica y se baja. Entonces lo ve: ¡es Bambi! Es un venado. O un ciervo. Digamos un ciervo. Tiene unos cuernos majestuosos. Lo que le permite a Mirren mirarlo con intensa intensidad y exclamar: “¡Qué bello eres!”. Esto da para Oscar. Porque: 1) un Bambi es siempre un Bambi y los tarados del público (así hablan los productores y guionistas) se babean con los animales; 2) Mirren va a estar soberbia mirando al bicho con sus ojos grises nublados por la emoción; 3) el Bambi se va a robar la escena, pero no importa. “No tenemos nada mejor”, dicen los guionistas o dice Stephen Frears, que está aquí por la guita, no lo duden.”

Feinmann odia a la reina, al Oscar, un poquito a Mirren y sus ambiciones, a los productores, a Frears, y al maldito público al que le gusta Bambi (y aunque no importe: el ciervo en cuestión está en la película porque es un símbolo que se le escapa a la nublada visión de Feinmann – es un sobreviviente de esos que ya no se ven, que ha escapado a los cazadores por años y mantiene su nivel inalcanzable. Algo así como la reina misma. Y nadie se rió en el cine en que ví esta película hace unos meses).

Y en cuanto a cosas que causan risa no deseada: en otros párrafos se pone conspirativo, por más que todos saben que a Diana no la mató nadie salvo su conductor borracho. Porque a un revolucionario setentista frustrado no hay nada que le calce mejor que una posible conspiración.

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18/2/07

Aquí no eres un extraño (Adam Haslett, 2002)

Aquí no eres un extraño
Hace mucho, pero mucho tiempo que no sentía ganas de llorar leyendo un libro – así que no es poca cosa decir que en algún momento de muchas de las nueve historias de este libro de Adam Haslett se me llenaron de lágrimas los ojos. Una colección centrada en las incomprensibles vueltas de la mente humana y la angustia que una enfermedad mental crea en aquellos que la sufren y en sus familias, cada relato tiene una precisión metronómica y una economía de lenguaje envidiable y casi cada uno de ellos lleva una carga emotiva difícil de narrar. Desde el primer relato, “Notas para mi biógrafo”, en que un inventor bipolar decide visitar de repente a su hijo en Venice Beach; pasando por los hermanos co-dependientes de “Devoción” (una de mis historias favoritas de este libro), el suicida de “El fin de la guerra” que recibe un poco de tranquilidad en consolar a otro enfermo terminal, o el niño que ve un futuro poco feliz en “Premonición”; todos los personajes de esta colección son casi indelebles en la memoria.

La única historia que me pareció un poco pintada a trazo grueso fue “Reunión”, acerca de un oficinista que está muriendo de SIDA y decide no atacar su enfermedad para reunirse con su padre ya muerto. Y párrafo aparte merece la historia más difícil de esta colección, “En el principio del dolor”, que logra generar empatía de una situación límite. Altamente recomendable.

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15/2/07

Condiciones de edificacion

A primera vista, las nuevas condiciones de edificación en Buenos Aires parecen miopes: simplemente ver si agua y cloacas no van a colapsar. Tendré que leerlo en más detalle, pero no parece una medida integral que se ocupe de todos los aspectos de que hablaba antes – como siempre, parece que la medida está simplemente enfilada a resolver las áreas que generaban mas quejas sin fijarse en una resolución mas amplia de respeto al perfil arquitectónico y no sobrecargar tráfico y demás.

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12/2/07

¿De que lado estás?

Empiezo por aclarar algo, para aquellos que no leen este blog a diario: el tema de la construcción en Buenos Aires necesita una revisión pausada, como ya dijera el otro día, y debemos dejar de construir en todo terreno libre como si no importara el impacto sobre la ciudad en su conjunto.

Por otro lado si bien me molestan algunas posiciones de las constructoras, más me molesta que las cosas no se reporten de manera imparcial. Por eso el título de una nota en La Nación de hoy – “Caballito: embestida de una constructora contra los vecinos” – me parece poco certero y tendencioso en demasía, sobre todo fuera de una página editorial.

“Embestir” tiene una connotación violenta que no se corresponde con los hechos (una demanda por daños y perjuicios a la asociación de vecinos por detener la construcción de dos torres), y si bien es cierto que la empresa tiene más recursos que los vecinos, el titulado apunta a armar una sensación David vs. Goliat / justos vs. poderosos que no se corresponde con las páginas de un diario serio.

Que la calidad del periodismo en Argentina es cada vez más un mal chiste es claro; pero cuando un diario que – si bien en las antípodas de mi pensamiento – se precia de ser objetivo y discreto cae en estos errores, estamos en problemas.

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Escalada de accidentes

Que la situación del tránsito, la falta de cuidado de aquellos al volante y las fallas en la educación vial están en franco deterioro no es nuevo. Ahora vemos los resultados de este declive: 21 muertos en las rutas argentinas en un solo fin de semana.

En parte esto es debido a un sistema de rutas completamente anticuado y que no se ajusta al tráfico actual: es hora de que empecemos a cambiar más rutas a múltiples carriles para cada mano, separando la ida y vuelta con terraplenes de por medio. Pero sabiendo que las rutas son como son, la responsabilidad es personal: así, el salir a la ruta cansado, con dos copas de más, a las apuradas, sin usar cinturones y demás malos hábitos de los conductores argentinos tiene que cambiar de manera urgente. Porque si no estos números van a seguir aumentando

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11/2/07

Escándalo (Notes on a scandal, 2006)

Notes on a scandal
Uno de los mejores cómicos de la actualidad, Eddie Izzard, en su especial “Dress to kill” comparaba despiadadamente a la típica película inglesa con su contrapartida americana. En la típica película inglesa, nos decía, el personaje se dedica a contar fósforos en un cuarto vacío, y en esta acción debemos ver todo el conflicto interior del personaje (en la remake americana, por contraste, el personaje tenía un acento del Bronx, una afrenta que vengar y un arsenal ilimitado a su disposición para matar a quienes cometan el error de criticar que cuente fósforos).

Hay mucho de contar fósforos en “Notes on a scandal”, el filme por el cual Judi Dench y Cate Blanchett están nominadas al Oscar por estos días: cosas no dichas, miradas furtivas, pequeños movimientos que delatan sentimientos escondidos desde hace mucho y hasta narración en off del diario de su personaje principal. Considérense advertidos.

El escenario es una escuela pública en un distrito pobre de Londres, donde Barbara Covett (Dench), una maestra al borde de la jubilación, pasa sus días con una mirada de cínico desdén hacia las posibilidades de sus alumnos (“Aquí educamos a nuestros futuros plomeros”, lee de su diario al comienzo del filme). Un día, una nueva maestra de arte, Sheba Hart (Blanchett), se une al establecimiento. Bárbara empieza por despreciarla, luego acercársele y termina deseándola. Cuando Sheba - casada con un hombre mayor (el incomparable Bill Nighy), con dos hijos y una nada despreciable cuota de aburrimiento marital - comete la indiscreción de tener un affair con un estudiante de 15 años, Bárbara encuentra su posibilidad para manipularla en el secreto hasta que la situacion explota.

Formalmente irreprochable, con certera (aunque usada en demasía) música de Philip Glass y excelentes actuaciones de todos sus protagonistas, uno creería que esta pequeña película seria un placer hecho y derecho. Pero me encontré cabeceando luego de los primeros 30 minutos, y por unos incontables 30 minutos más, hasta que el ritmo levantó en los 30 minutos finales hasta entregar un final satisfactorio. Y si bien podría echarle la culpa al vaso de sauvignon blanc que tomé con la cena antes de la película, me parece que estos 30 minutos del medio sufren del síndrome de contar fósforos al que Izzard hacia referencia. Patrick Marber (quien escribiera la insufrible “Closer” hace un par de años atrás, un ejercicio dialéctico entre figuritas de cartón en lugar de personajes de carne y hueso) a veces parece demasiado enamorado de su lenguaje y se olvida de mover la acción hacia adelante, y uno termina con minutos sobre minutos de coloreado de personajes que no lleva al destino final. Aún en sus escasos 92 minutos puedo apuntar a un par de escenas superfluas (la escena en que otra maestra anuncia que está embarazada viene a la mente inmediatamente)

¿Vale la pena verla? Diría que la actuación de Dench, todo arrugas, mal cabello y resentimiento a flor de piel ante una vida que le ha negado el amor y el acceso a una más alta clase, es digna del precio de admisión. Pero acuérdense de verla por la tarde, y pasen por alto el vino del almuerzo.

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Porque yo lo digo! (Because I said so, 2007)

Because I said so
Quizás sea por los guiones que le tocan, o quizás por los años junto a Woody Allen, pero Diane Keaton de un par de películas a esta parte se especializa en un cierto tipo de mujer: la que tiene un físico envidiable para sus 60 años, una posición privilegiada y nada que temer con respecto a su supervivencia, y aún así es un manojo de tics, inseguridades y autonegaciones que terminan manifestándose en una neurosis total acompañada de torpeza física.

El mas reciente espécimen en la galería Keaton se llama Daphne: divorciada, se le vienen los 60 encima, sin amor y en vez de centrarse en su propia vida, elige tratar de arreglar las de sus 3 hijas adultas empujándolas al matrimonio (cualquier semejanza con el mito griego de Daphne – quien por escapar al amor de Apolo termina convirtiéndose en un árbol de laurel - no es, me parece, pura coincidencia. Imagínense a la Daphne mitológica, con tres hijas y repreguntándose si ser un laurel en vez de estar en brazos de Apolo fue tan buena idea). Las dos mayores ya están casadas y ahora le toca el turno a la menor, Milly (Mandy Moore); porque en este universo alternativo a los 22 años ya es hora de conseguir marido que te estás poniendo vieja, nena. Como Milly parece incapaz de encontrar un soltero aceptable, la madre pone un aviso en Internet para encontrarle pareja, lo cual lleva a toda clase de equívocos. Tiren a la olla un montaje de pretendientes ridículos, un arquitecto adinerado pero irascible, un músico bohemio con todas las buenas intenciones del mundo, los típicos enredos de salir con dos hombres al mismo tiempo, varios momentos de acercamiento madre / hija, algunas notas sobre el sexo en distintas generaciones y ya saben de que va esta película.

Lo que tanto el director (Michael Lehmann, aquel de “Heathers” y de la adorable “La verdad sobre perros y gatos” con Janeane Garofalo) como Keaton no parecen darse cuenta es que hay una línea sutil entre una madre con buenas intenciones y de maquinaciones adorables, y una déspota insufrible que debiera estar internada en un neurosiquiátrico. A los 45 minutos de esta película tenía tantas, pero tantas ganas de agarrarla a Keaton y estrangularla (algo que quizás otros ya intentaron, considerando las infinitas bufandas, chalinas y vueltas de perlas con las que Keaton cubre su cuello en este filme) que todo disfrute se desvaneció. Y aunque un par de escenas salvan un derrumbe total, en el balance la película no termina bien parada.

Y es una pena porque hay potencial en los nombres de esta película: Keaton es una formidable comediante, y en una escena de acercamiento sentimental con Stephen Collins aprovecha al máximo sus dotes (en gran parte debido al hecho de que Daphne ha perdido la voz, y Keaton se calla la boca y deja que su cuerpo y sus ojos actúen). Mandy Moore es natural y adorable como Milly, lejos de las histericas hiperflacas actuales; y su lenguaje físico con Johnny (el músico encarnado por Gabriel Macht) tiene muchas notas de verdad compartida. Y por último, Tom Everett Scott es desaprovechado en un arquetipo yuppie de cuarta, cuando es capaz de ser sumamente atractivo por su propia cuenta (su aparición en un capítulo de “Will & Grace” hace un par de años viene a la mente). La próxima vez, con actores como estos, ¿que tal si pagamos un par de dólares más por un guión original?

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10/2/07

Si la realidad no te ayuda…

…armate tu propia realidad. Ese parece ser el mensaje del gobierno de Kirchner, que cambió la metodología de cálculo de la inflación para eliminar los rubros más conflictivos y que le cierren los números. La primera dama de gira por Europa, la economía que empieza a perder el control, apretones a la prensa, y una propaganda política que trata de ocultar todo lo malo y armar una iconografía personalista: si esto no es el gobierno de Perón y Eva resucitado, no sé que es.

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9/2/07

Parar la pelota

Sigue la discusión sobre las edificaciones en la Ciudad de Buenos Aires, y lo que me llama la atención es siempre la estrechez con que parecen estar definiendo “impacto ambiental”: siempre se menciona agua, luz y gas, pero nada más.

Es más, en esa nota el prosecretario del Consejo Profesional de Ingenieros Civiles, salió a decir lo siguiente:

“Hicimos un estudio que demostró que la infraestructura actual alcanza, salvo en algunas zonas muy puntuales donde hay problemas con el agua corriente. Los problemas con los servicios se deben a falta de mantenimiento, no al auge de la construcción”

Mmm, por si le ayuda, acá le va una lista de cosas que no creo que el señor Sgrelli o su organización evaluaron, y que son tan o más importantes que una coyuntura de tal o cual proveedor de servicio público:

  • Tránsito - número de cocheras que se están construyendo y por tanto de autos que residirán en la zona y su impacto sobre calles y avenidas. En el caso de instalaciones comerciales, número de consumidores multiplicado por el porcentaje de ellos que vendrán en auto. Ver la situación actual de tránsito, embotellamientos, estacionamiento, etc. y agregar todos estos cambios.
  • Transporte público – ¿cual es la carga adicional sobre trenes, colectivos, taxis y subterráneos de estos nuevos habitantes o consumidores?
  • Transporte de cargas – mas negocios / viviendas implican más camiones de reparto de bienes y servicios, nuevamente ¿cuál es el impacto sobre calles y avenidas, tanto en uso y desgaste como en tráfico?
  • Recolección de basura – ¿existe suficiente capacidad para recolectar y disponer de la basura adicional que se va a generar?
  • Ruido – ¿cual es el promedio de decibeles extra de todo este movimiento agregado, tanto durante la construcción como a largo plazo?
  • Uso de espacios públicos – cada plaza / parque puede soportar un cierto número de vecinos, por lo que debe calcularse como afecta la nueva población a la oferta existente.
  • Infraestructura comercial – ¿cual es la oferta de supermercados, comercios y demás servicios en la zona? Porque todo esto tiene implicancias sobre el tránsito
  • Seguridad – Obviamente, todo aumento de número de habitantes de una zona implica un impacto sobre el numero de habitantes por cada policía, y la necesidad de expandir la fuerza.
  • Emergencias – Mismo que el punto anterior sobre el servicio de bomberos y paramédicos
  • Escuelas – ¿existe suficiente oferta educativa a todos los niveles para todos los nuevos residentes?
  • Líneas telefónicas y torres de celulares – ¿existe suficiente banda para soportar a todos los nuevos usuarios?
  • Arbolado – ¿se van a derribar árboles como parte de la construcción? ¿Como se van a reemplazar?
  • Hospitales y salas de salud - ¿existe suficiente número de proveedores de salud, tanto de emergencias como de atención general?
  • Impactos sobre especies animales – ¿estamos perturbando pájaros y demás?
  • Línea de vista - ¿cuál es el impacto del proyecto sobre la sensación general del barrio, su horizonte, su acceso a la luz solar, etc.?
  • Perfil Arquitectónico - ¿Impacta el nuevo proyecto las líneas que se pretenden lograr para el barrio en general?

Lo que esta larga (e incompleta) lista implica es lo siguiente: como al fin y al cabo no es el negocio inmobiliario el que va a pagar por nuevas escuelas, nuevos hospitales, más parques, más policía y bomberos, etc; no es el negocio inmobiliario el que tiene que manejar como y donde se construye. Es el gobierno de la Ciudad, porque la Ciudad tiene la obligación de proveer o garantizar estos servicios a sus habitantes.

Y por esto es que existen los permisos a la construcción – no como una rúbrica automática de lo que los constructores desean hacer con un terreno que les pertenece, sino como una fase de planeamiento integral de un barrio y de la Ciudad en general. Si bien es cierto que algunas de estas cosas se evaluan para cada proyecto, lo que falta en Buenos Aires es la posibilidad de evaluarlos dentro del contexto de todas las otras construcciones en la zona. Un edificio no es una isla, y es casi irreversible – una vez que está, la posibilidad de demolerlo y corregir desviaciones es casi nula. Por tanto conseguir un permiso debiera ser un proceso largo, tedioso y exhaustivo – no algo que se discute por dos minutos porque alguien va a poner plata encima en el nombre de la bendita “inversión”.

Hasta que no entendamos esto, vamos a seguir construyendo a troche y moche en nombre del progreso. Y para cuando nos hayamos dado cuenta, Buenos Aires va a ser un caos aún mayor de lo que es hoy.

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