El otro día comentaba sobre el proyecto de salud reproductiva que permitirá el acceso a la vasectomía y la ligadura de trompas. La Nación de hoy tiene una nota cortita con las opiniones a favor (la mayoría, especialistas médicos) y en contra (la Iglesia y sus grupos laicos allegados). Leyendo las opiniones, entre las opiniones en contra sólo puedo encontrar una que tiene asidero:
“El proyecto no prevé la realización de las intervenciones quirúrgicas necesarias para restablecer la fertilidad, ni tampoco las financiará. Esto restringe la posibilidad de que una persona pueda recuperar su capacidad de procreación en caso que así lo requiera”, objetaron desde el Secretariado Nacional para la Familia de la Conferencia Episcopal Argentina.
De acuerdo. Modifiquemos el proyecto para que permita tanto la interrupción como el restablecimiento de la fertilidad. Esto me parece constructivo. El resto de las opiniones son tan traídas de los pelos que se merecen ser destacadas:
“Parecería que como no se puede eliminar la pobreza, se elige eliminar a los pobres, evitando que tengan hijos, porque es más barato y más sencillo que darles educación y salud” , sostuvo Carlos Camean Ariza, director de Comunicación de la Secretaría para la Familia, del Episcopado.
Falso. No se está hablando aquí de esterilización compulsiva de los pobres, sino de permitir a todos, sin preguntar de que estrato provienen, el acceso a la esterilización si así lo desean. De la misma manera, se debiera proveer de anticonceptivos a aquellos que no pueden pagarlos, para garantizar, precisamente, la equidad.
“El hombre no es propietario ni dueño absoluto de su cuerpo, por lo que la disposición sobre sus órganos y miembros está sujeta a principios y normas que deben observar tanto el interesado como el médico interviniente. El proyecto, cuya sanción se anuncia como inminente autoriza una mutilación corporal que vulnera la dignidad de la persona humana”, dijeron Alberto E. Solanet y Juan Manuel Medrano, presidente y secretario, respectivamente, de la Corporación de Abogados Católicos.
Perdón pero, ¿cómo? ¿El hombre no es propietario de su cuerpo? Entonces empecemos por prohibir o restringir los tatuajes, la costumbre de punzar las orejas para poner aritos en bebés del sexo femenino, y ya que estamos de paso, la cirugía plástica. ¿En que se diferencia una intervención para evitar tener hijos de una rinoplastia? Ambas son modificaciones sobre el cuerpo de uno para lograr un resultado deseado y no provisto en la naturaleza. O aún peor, si uno no tiene control absoluto sobre su cuerpo, no puede entonces decidir tampoco sobre si desea ser mantenido con vida por medios artificiales, lo cual debiera ser parte central de un derecho a una muerte digna ¿Si uno no es dueño de su cuerpo, entonces quién lo es? ¿La Iglesia católica?
Por último:
“Los obispos de Río Negro exhortaron a sus legisladores a respetar el derecho a la vida y, a las comunidades cristianas, a defenderlo: “El primer derecho de una persona es el derecho a vivir. Por esto, debe ser protegido más que ningún otro. No pertenece a la sociedad ni a la autoridad pública, sea cual sea su forma, conceder este derecho a unos y quitárselo a otros”, sostiene un comunicado de los obispos de Viedma, Bariloche y Alto Valle.”
Repitan conmigo: una ligadura de trompas o una vasectomía no es un aborto. No existe vida humana en este momento – sólo un cierto número de óvulos y un par de cientos de millones de espermatozoides que al tratar de subirse al colectivo para ir al baile se enterarán que la línea está fuera de servicio ¿O ahora vamos a extender el comienzo de la vida humana más allá de la concepción, y moverlo adentro de los ovarios y los testículos de los padres potenciales? ¿Dónde termina el intervencionismo clerical?