Ah, Kirchner y las contorsiones dialécticas de la política. Hoy Clarín publica una entrevista a Kirchner que no tiene desperdicio, sobre todo porque muestra en plenitud como funciona la mente de nuestro Presidente, en sus mil contradicciones.
Tomemos por ejemplo la primera pregunta:
—¿El 25 de mayo larga la campaña por la reelección?
—No, el 25 es una autoconvocatoria de acompañamiento, de la gente a celebrar, como lo hemos hecho otros 25. Lo hicimos en Santiago del Estero el año pasado, y ahora lo hacemos acá, para recordar los tres años que estamos en el gobierno.
No entiendo – ¿es una autoconvocatoria, pero es el gobierno el que organiza? Fíjense como en el mismo párrafo pasa de la primera postura (“una autoconvocatoria de acompañamiento, de la gente a celebrar”) a la segunda (“Lo hicimos en Santiago del Estero el año pasado, y ahora lo hacemos acá, para recordar los tres años que estamos en el gobierno.”), sin siquiera darse cuenta de lo que está diciendo. Esto es notable: la mente de un líder que no entiende que alguien puede estar en desacuerdo con su postura, y por tanto es capaz de igualar en su pensamiento lo que quiere la gente con actos de su gobierno. Un régimen fascista no podría hacerlo mejor.
Sigamos:
—¿Y cuándo va a decidirlo?
—No.., yo, cualquier cosa que les diga a ustedes, no me van a creer… Si les digo que no voy a la reelección, no me van a creer…
—Ese un prejuicio suyo.
—No, la tarea de ustedes es indagar, investigar, desconfiar… Es la profesión de ustedes; la eligieron ustedes, no yo. Así que, cualquier definición mía al respecto llenaría hojas, o no, pero habría análisis al respecto. […]
Notable el tono de esta respuesta, sobre todo en el uso de “desconfiar” como parte de la profesión de los periodistas. Por supuesto que esto es parte de lo que debe hacer una prensa responsable. Pero se denota un tufillo de resentimiento en la respuesta sobre este punto. Sobre todo en la frase “Es la profesión de ustedes; la eligieron ustedes, no yo.”, frase pasivo-agresiva si las hay.
—¿La falta de una oposición fuerte, la tendencia a la concentración del poder y un Congreso que funciona casi como un brazo extendido del Gobierno, ¿no perjudican la calidad institucional?
—Analicemos, primero, qué es la concentración del poder. Yo estoy ejerciendo la conducción del Estado con las normas que marca la Constitución. No concentro poder, ejerzo y tomo las decisiones que me permiten las leyes, y en ningún momento he tomado una determinación violatoria. Así que eso de la concentración del poder es lo mismo que decir, cuando se decía que un gobierno de tal presidente no tomaba decisiones. Soy el presidente y si no tomo decisiones se paraliza el país. Y en el Congreso, es natural que los diputados oficialistas transmitan la voluntad de lo que la gente votó el año pasado.
En esto tengo que criticar el modelo más que a Kirchner. Parte del problema, es cierto, es el entendimiento monolítico de la voluntad de la gente, resultado de un sistema eleccionario retrógrado. El entendimiento es “si ganaron los peronistas, la gente quiere que se implemente toda la agenda peronista”. Pero esto jamás es así: cada votante tiene posturas a nivel de decisiones individuales, y esto es la antitesis del modelo en ejercicio. Por esto es que el Presidente puede decir, sin pensar dos veces, “es natural que los diputados oficialistas transmitan la voluntad de lo que la gente votó el año pasado” – lo que no es natural es que 1) todos los diputados deban mayor respeto y lealtad al partido que a la gente de sus distritos y 2) que un grupo de personas deban votar en bloque sobre todos los asuntos que se les presentan, en vez de una decisión razonada sobre cada tema. La solución está en distribuir los diputados por distritos mas pequeños, eliminar las listas sábanas y hacerlos personalmente responsables de representar a la gente de sus áreas en toda su diversidad de opiniones.
—¿Se puede sostener esta política con una alta dosis de presión sobre los empresarios?
—Yo quiero saber —algo que siempre lo hablaba con Roberto (Lavagna), ¿no?— es decir, ver la cadena de costos. Quiero llegar al costo de la rentabilidad. Porque hay una empresa, que no la voy a nombrar, que la vez pasada quería aumento. Y le mostramos que tenía 33,7% de rentabilidad. Le digo: bueno, ahora vamos a buscar un lugar en el mundo que tengan ese margen. No, dice, dejémoslo así. Porque no lo iba a encontrar en ningún lugar.
Notable: el gobierno dictándole a una empresa privada cuanta rentabilidad puede tener. Esto es antinatural – lo que debiera ocurrir es que la empresa tenga la libertad de poner sus precios al nivel que consideren necesario, y que la gente decida si consume o no sus productos. Esto no significa que no haya un rol para el gobierno en el control de precios: el estado debe garantizar que no ocurra “cartelización” (es decir, acuerdos ilegales entre todas las empresas de un cierto sector para subir precios, negando alternativas a los consumidores), ni que haya monopolios (los que, por supuesto evitan la competencia y destruyen las alternativas). Más allá de esto, debiera existir el libre comercio - el gobierno dictándole a las empresas lo que pueden cobrar por sus productos es una clara violación de este derecho: no se puede decir que el comercio es libre si te restrinjo a que precio podés vender tus productos.
—Con las restricciones a las exportaciones de carne el precio en el mostrador todavía no baja.
—Pero el INDEC dice algo diferente. Yo he visto desagregados del INDEC, y el precio de la carne ha bajado y mucho. Se ha establecido un precio de referencia que, respecto del precio que había, bajó en forma importante.
Esto es ceguera en su estado más puro – no me importa lo que me digan, yo he visto una estadística que me dice lo contrario. Es voluntarismo en su estado más puro.
Hay varios puntos más en la entrevista, les recomiendo leerla.