Operate, que todo va mejor!
“Me hice lolas y laserlipólisis. Me apliqué botox y me blanquee los dientes. Y desde hace nueve meses hago continuamente mesoterapia, drenaje linfático, oxígenoterapia y aplicaciones de inyecciones que queman grasa. […]
Es una inversión que redunda en beneficios en lo laboral y en lo personal. Yo era gordita, no me cuidaba mucho. Adelgacé. Empecé a ver los cambios en el trabajo: te miran desde otro lugar, te sentís con más presencia, más estimulada para hacer las cosas, te da seguridad”. Y confiesa: “Me aterroriza pensar que puedo volver a ser la de antes. Adelgacé 20 kilos ¡es como si me hubiera sacado una persona de encima!”.
Una cierta María Pía Álvarez, en una nota de Clarín sobre cómo el verse “bien”, a través de extensa cirugía plástica, impacta la carrera o desempeño profesional de uno. Imagino que parte de los 20 kilos tenían que ver con la remoción del cerebro de la nombrada. La nota es tristísima en su mensaje – hasta le encuentran la vuelta para ponerle un tono positivo a la advertencia médica del penúltimo párrafo - y tiene que ver con la obsesión argentina con la eterna juventud, por más que uno termine pareciendo un muñeco de plástico. Responsabilidad social, cero.






