Empecemos por lo siguiente: si uno elige ver una película con Vince Vaughn y Owen Wilson haciendo de colados profesionales a cuanta boda se les presente con el objeto de engancharse alguna chica, uno no está buscando a Bergman. Está buscando entretenimiento, diversión, y quizás algo de reconocimiento de sí mismo (ejem, quién no haya intentado ir de levante que tire la primera piedra) o de sus limitaciones personales. Y estas cosas
“Wedding Crashers” las ofrece con creces.
John (Wilson) y Jeremy (Vaughn) son dos amigos íntimos, mediadores de divorcios y descreyentes en el matrimonio – bajo el liderazgo de Jeremy, los dos se han vuelto en expertos en el arte de colarse a una boda (un arte con un completo conjunto de reglas, que declaman en varias ocasiones, y un sinfín de personalidades falsas) Los primeros 30 minutos muestran a estos dos caraduras en una sucesión de bodas, haciendo gala de los recursos más viles para meterse en una boda (y en las bombachas de las asistentes). Desde el portar medallas de guerra falsas, hasta bailar con los chiquitos o humedecerse los ojos durante la ceremonia para aparecer sensible – el fin justifica los medios. Y ese fin es una noche agitada con una señorita disponible. Por supuesto, finalmente uno de ellos tiene que enamorarse (y a primera vista, nada menos – considerando que la receptora de la atención es la increíble Rachel McAdams el cliché se hace más soportable). Y el resto de la película transcurre entre los esfuerzos por sostener las mentiras que se presentaron para colarse en la boda primero que nada, y en los esfuerzos por recuperar camino una vez que la fachada es descubierta.
Esto divide a la película en tres movimientos, de los cuales los dos primeros son divertidísimos, y el tercero flaquea un poco. Una vez que la película se transforma en una de desencuentros románticos, se cae un poco (¿quién quiere ver a Owen Wilson, un actor limitado en su rango, haciendo de deprimido?), aunque repunta hacia el final con un inspirado cameo de Will Ferrell como el gurú de los colados.
Por sobre todo, ¿por qué funciona la película? El principal motivo se llama Vince Vaughn. Que Vaughn es quizás uno de los actores de comedia más confiables de los últimos tiempos, especialmente en el arquetipo del caradura simpático, no es secreto – y la película lo utiliza del mejor modo posible, en un personaje que es simplemente otra versión (o quizás triste y realista involución) de aquél de la famosa Swingers de hace 10 años (el hecho de que Vaughn tenga fama de fiestero empedernido en el ambiente de Hollywood también ayuda a su credibilidad – aunque no le ha ayudado a su rostro, que parece necesitar una buena siesta de tres meses). Su personaje, Jeremy, vive para la temporada de bodas y cuando finalmente los roles se revierten al encontrar una chica más zafada que él, es natural que reaccione como lo hace - Vaughn aprovecha estas variaciones con ritmo impecable y puede pasar de la comedia física a la verbal sin perder un segundo.
Por su parte Owen Wilson hace de… Owen Wilson - lo cual no es malo en este tipo de personaje: es querible, un poco perdido y tiene un aire de “qué me importa” que lo hace inmediatamente accesible. McAdams le pone un par de vueltas de tuerca a la chica linda que sabe que tiene más que dar que su belleza, aunque desconfíe de si misma y como resultado termina en relaciones con imbéciles abusadores. Y entre los papeles de soporte me quedo con Jane Seymour, muy lejos de sus roles tradicionales, componiendo una especie de Sra. Robinson que no sabe de sutilezas. Definitivamente una para ver con amigos, par de cervezas mediante, y relajarse un poco.