Ah, las ventajas de una mente abierta
La Universidad del Laterano, parte del Vaticano, comenzó ayer un seminario internacional sobre “la cuestión gay” (por supuesto que se debe despersonalizar - no es en el mejor interés del Vaticano que uno piense en “personas gays”, con todos esos sentimientos y dignidad humana de por medio. Nah, “cuestión” es mucho más aséptico, más fácilmente condenable, menos humano. No por nada los Nazis hablaban de la “solución final a la cuestión judía” en vez de familias condenadas al exterminio).
Lo que me divierte mucho de este seminario es el objetivo declarado de entrada:
Organizado por el Pontificio Instituto Juan Pablo II para la Familia, expertos de distintos sectores -sociólogos, psicólogos, juristas y teólogos de diversas nacionalidades- discutirán a puertas cerradas sobre la naturaleza de este “fenómeno humano”, y cómo la “cuestión es hoy impuesta por la ideología política”.
Es decir, que el seminario empieza con una declaración bien clara de cual debe ser el resultado del mismo: la “cuestión gay” es una imposición de la “ideología política”, no una característica biológica de los seres humanos o cualquier otro resultado. Esto es tristemente gracioso en luz de otra frase en el mismo artículo:
Para Mario Binasco, psicoanalista y docente de la Universidad del Laterano, es muy importante discutir “con calma” sobre toda la problemática sexual. “Estos temas en nuestra civilización están sufriendo una subversión sin precedente”, escribió. Binasco se manifestó convencido de que hoy para la Iglesia el tema de la sexualidad es de una importancia análoga a lo que se puso “en juego en el caso de Galileo Galilei”: la relación entre las palabras de la Revelación, la ciencia, la realidad y la verdad.
Permítanme utilizar el ejemplo de Galileo – explicitar cual debe ser el resultado de un seminario de discusión sobre orientación sexual es lo mismo que decir que podremos tener un seminario sobre la mecánica celeste siempre y cuando el resultado sea que la Tierra es plana y el Sol gira alrededor de ella.
Esto no quiere decir que uno no pueda partir de una tesis, la cual luego se comprueba o se desmiente a través del método científico o la discusión. En ese marco, la Iglesia tiene todo su derecho de proveer dirección a un encuentro. Pero debe haber una condicion permitida en el debate: que la tesis pueda ser falsa. Cuando uno declara que una tesis es dogma inamovible, basado en la fe y más allá de toda discusión, entonces es imposible avanzar: el resultado es un escenario de lógica subvertida, donde se acomoda la prueba para llegar al resultado esperado y se descarta cualquier indicio contrario.
Como dije el otro día con respecto a mi perro, algunos nunca aprenden. Pero al menos mi pichicho no le arruina la vida a los otros.






