10/1/06

Mentiras Verdaderas

Dos historias de impostura literaria aparecen en los titulares de Estados Unidos hoy, levantando polvareda. La primera, reciclada ayer en el New York Times luego de publicarse en New York Magazine la semana pasada, es el desenmascaramiento de JT Leroy, un escritor adolescente de San Francisco y portador del HIV con un pasado de abandono, prostitución, drogas. A segunda vista, parece que JT en realidad no existe, sino que es la invención de una pareja de cuarentones, roqueros y novelistas frustrados, que quería codearse con celebridades, y que llegó hasta a contratar a la media hermana de uno de ellos para actuar el papel de JT Leroy en público (convenientemente, JT quería tener un cambio de sexo). En la red de engañados caen entre otros Courtney Love, Winona Ryder, los novelistas Dave Eggers y Michael Chabon, otras celebridades varias y por supuesto miles de lectores.

Pero si bien el trabajo de JT Leroy tuvo alguna repercusión de público (e incluso una adaptación al cine: el film de Asia Argento “El corazón es engañoso, por sobre todas las cosas”, presentado en Mar del Plata el año pasado), el impacto de este fraude no puede compararse con el segundo puñetazo de este 1-2 de mentiras literarias: la revelación ayer, por parte del sitio de internet The Smoking Gun, de que extensas partes de la última elección del club del libro de Oprah Winfrey, “A million little pieces” de James Frey (“Un millon de pedacitos”, supuestamente una memoria de su adicción y recuperación de las drogas), no son más que ficción literaria. El libro, ayudado por la elección de Oprah, vendió 3.5 millones de copias desde su publicación (1.8 en el 2005, segundo detras de Harry Potter), con lo cual el tamaño de la mentira crece de manera exponencial. Frey retrata una estadía en la cárcel de 3 meses que parece nunca ocurrió, amigos de adolescencia con destino trágico que en realidad era gente que apenas conocía, un suicidio que tampoco sucedió (y quizás el suicida en sí sea ficticio también), y la revelación de que originalmente habían pensado en publicar el libro como “novela”, para luego re-catalogarlo como no-ficción. No se a esta altura cual historia es mejor: si la del libro o la de su invención.

El hecho de que ambos casos rozan en mayor o menor medida al mercado de la literatura de “no ficción”, un mercado que en los últimos años ha explotado en los Estados Unidos, con sus pretensiones de veracidad e inmediatez, es lo que hace que las investigaciones sean más relevantes aún. Y la pregunta que viene a la mente más que todas las otras es la siguiente: En la literatura de no-ficción o semi-autobiográfica: ¿importa más la calidad del trabajo o las vicisitudes del autor? En una cultura de la celebridad y la autoayuda, quizás nos hayamos volcado trágicamente hacia el segundo campo, y los incentivos (la fama instantánea, los llamados de las celebridades, los adelantos millonarios) son tan grandes que toda historia les queda chica: cada libro tiene que ser más increíble que el anterior. Lo que terminamos recibiendo es una realidad cinematográfica, estilizada, irreal – una versión videojuego de la realidad donde los enemigos son innumerables, las balas nunca se acaban, donde siempre hay otro acto a la vuelta de la esquina y la salvación jamás es imposible. Paradójico como suena, la “realidad” termina siendo otra ficción . Digno de Borges.

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