Marcelo Moreno tiene algunos puntos interesantes y alguna (demasiada) confusión en su nota de hoy con respecto a Cromañón y la búsqueda de un culpable.
Por el primer lado, estoy de acuerdo que el buscar responsable absoluto no tiene sentido: hay, sí, personas con más culpabilidad, personas con menos y personas culpadas por conveniencia política. Eso es algo que he dicho yo mismo en este blog (o en su encarnación anterior en Blogger) y lo sostengo: este es un problema que nos abarca a todos, desde Chabán, a la banda, a los inspectores, a aquellos que vamos a boliches donde no se puede ni respirar, y seguí contando.
Pero donde el artículo se descarrila irremediablemente es en la comparación, traída de los pelos, con el tsunami de Banda Aceh. Y no es comparable por lo siguiente: comparar fallos en “las previsiones meteorológicas” (sic - alguien debiera explicarle a Moreno que un tsunami no es un fenómeno de raíz meteorológica sino geológica) con fallos en la habilitación de un local es como comparar un eclipse solar con una explosión de un artefacto eléctrico de 110 V conectado a una toma de 220. El tsunami, si bien remotamente imaginable, no era para nada un acontecimiento pronosticable o siquiera predecible. El que casi 200 personas puedan morir en un local donde rutinariamente se tiran fuegos de artificio, donde los materiales son inflamables, donde las puertas estaban cerradas con candado y las habilitaciones e inspecciones vencidas es muchísimo más predecible. Existe control humano sobre estos hechos: el dueño, la banda, los inspectores tenían el control, y eran fácilmente solucionables con un poco de esfuerzo.
El otro problema es cuando habla de que Chabán y demás no debieran ser considerados culpables de estrago doloso porque es obvio que no tenían nada por ganar con un desastre como éste. Es como decir que el que mata a alguien corriendo una picada no es culpable porque su objetivo no era matar a nadie. Esta idea es ridícula y ni siquiera se condice con el alcance de las leyes: la figura de dolo eventual es precisamente para aquellos casos en que no se pretendía cometer un delito, pero la consecuencia de los actos de uno termina en un delito y esta consecuencia podía ser prevista por una persona razonable. Para esto existen estas figuras, y está bien que existan, sino todo el mundo podría desentenderse de las consecuencias de sus actos diciendo que no eran las esperadas.
A un año de Cromañón me parece bien que los diarios discutan los alcances de estos enjuiciamientos. La distancia (sea física o temporal) separa los hechos del dolor y permite ver más claro. Pero eso no significa que haya que dar por tierra con penalizaciones más que necesarias.