Despertando al Sur
Positivo el tema del reciclaje urbano en Barracas. En una ciudad donde la demolición es más común que la preservación, cualquier tipo de señal en el sentido contrario es bienvenida.
Mientras tanto los vecinos se quejan por el nivel de seguridad y la falta de servicios. Lo cual es comprensible – va a llevar años revertir la negligencia que los gobiernos de turno han ejercido en el sur de la Ciudad.
La manera de revertir esto es no sólo con recursos del Estado, sino precisamente con éste tipo de desarrollos. Pero, indirectamente, donde el Estado podría ayudar es a través de la oferta cultural, creando, a través de un par de obras estratégicamente ubicadas, confianza en el futuro.
Algo parecido pasó en San Francisco con el desarrollo del barrio SOMA (South of Market). Cuando la ciudad decidió instalar allí el Museo de Arte Moderno, parecía una isla en medio de la guerra, con una serie de baldíos alrededor que eran famosos por la cantidad de tráfico de drogas y demás delitos. En los diez años en que ha estado abierto, e impulsando la zona junto con el complejo de Yerba Buena Gardens (una especie de Centro Cultural Recoleta local) y del Centro de Convenciones Moscone, ha logrado transformar lo que era un área desolada en el barrio más joven y deseable de la ciudad.
En Buenos Aires, sin embargo, quedan un par de barreras para vencer antes de llegar a este punto. Primero que nada, hay que vencer un cierto esnobismo cultural que hace que sigamos concentrando ofertas culturales en el circuito chico de Recoleta, Barrio Norte, San Telmo y el microcentro. Al respecto ha habido algunas señales positivas (por ejemplo, el hecho de que el Museo Eva Perón se haya erigido en Palermo, fuera del mini circuito de museos, y los planes para la expansión del MAMBA). Estos han sido buenos pasos. Los pasos de la actividad privada en Palermo SOHO y Palermo Hollywood van por la misma senda.
Lo otro que hay que vencer es la falta de visión a largo plazo: lo que el sur de Buenos Aires necesita es un gesto de grandiosidad a contramano de la coyuntura, de confianza en el futuro hacia una zona postergada, que despierte el desarrollo en esa zona simplemente por su osadía. Este tipo de proyectos tiene que hacerse notar, shockear y despertar el interés en algo que no hemos visto antes, realzando lo que existe y dándole nuevo relieve. Por esto mismo, un proyecto de bajo perfil no crea diferencia porque se vuelve invisible.
Pero imagínen algo de la envergadura del Museo Guggenheim en Bilbao, del Rock and Roll Hall of Fame en Cleveland, del Disney Concert Hall en Hollywood, del mismo MOMA en San Francisco. Lo que esto genera es un gesto de confianza en la zona: es plantar una bandera tan, pero tan visible que no quede dudas de que la voluntad publica está allí para quedarse. Y las inversiones privadas le siguen. En diez años (y en renovación de ciudades hay que pensar al menos a diez años) esa semilla que parece un poco loca termina construyendo un nuevo barrio.
¿Tendrá el Gobierno de la Ciudad la visión necesaria? Queda la duda. Pero al menos se va abriendo el juego.






