¿En qué reside la capacidad de crecimiento del ser humano? Esta semana, vi dos filmes completamente distintos que en sus individualidades vienen a tratar de corroborar la vieja máxima: en el amor y la conexión con los otros
En
“The Savages” (traducido en Español como
“La Familia Savage”, lo que desgraciadamente pierde su otro sentido ambiguo,
“Los Salvajes”) los que tienen que aprender esta lección son dos hermanos, a mitad de la vida ellos, que se encuentran con una situación que algún día nos va a tocar a todos: el cuidar de una persona mayor que ya no puede cuidar de sí misma. El filme trabaja en dos niveles: en un nivel primario, muestra sin apartar la mirada las iniquidades de envejecer en estos tiempos, en una sociedad donde el núcleo familiar esta atomizado. Los geriátricos, la familia política que no puede esperar a deshacerse del viejo Lenny para vender su casa, las comunidades plásticas donde los ancianos viven su retiro activo, sin nadie por debajo de su edad: todo esto aparece en el filme de
Tamara Jenkins, primero con un toque irónico (la apertura parece una versión alternativa de
Weeds, con sus casas iguales y sus cielos tecnicolor), para poco a poco a poco ir perdiendo esa pátina irreal y quedarse con los sentimientos al desnudo de los tres protagonistas.
Es este segundo nivel, una vez que se pierden algunas de las irritaciones estilísticas y de tono del comienzo, el que está mas logrado. Al dejar jugar el drama, lo que surge es el poder de crecimiento redentor que provoca el salir de uno para cuidar de los otros. Las vidas de John Savage (Philip Seymour Hoffman en otra actuación impecable, todo resquemor, celos y sentimientos a flor de piel) y su hermana Wendy (Laura Linney, creciendo en su personaje a medida que transcurre la historia) están, a todas luces, en stasis al comienzo del filme. Ella acaricia al perro mientras su amante casado le hace el amor, él es un profesor de teatro que abandona a su novia extranjera luego de tres años al vencerle la visa (cuando Wendy le recuerda que esto se podría resolver casándose, el retruca “Nadie está listo para eso” - el asumir responsabilidades por sus propias vidas no está al tope de la lista con estos dos) Cuando les llegan las noticias de que su padre está cayendo en la demencia senil, su primera reacción es la de mirar a los inconvenientes en sus propios ritmos de vida. Pero el despertar que sigue es para verlo, por su madurez emocional
El logro de Jenkins está, mas allá de la historia harto repetida, en el delineado sutil de las personalidades individuales y las interacciones íntimas: el uso casual de la mentira para lograr compasión o mantener el orgullo, la corriente de celos que pasa entre estos dos hermanos, los intentos de control sobre las pequeñas cosas (un almohadón rojo, en este caso) cuando el curso de la vida se nos escapa de las manos. El daño emocional de cada protagonista de esta historia es visible en sus consecuencias, sin gastar tiempo en exposiciones inútiles - sabemos que esta relación filial se encuentra distanciada, pero no hay necesidad de explicar cuándo, o por qué, ni de negociar culpas. En este cuadro todos son culpables y a la vez ninguno lo es - simplemente han tomado decisiones que los llevaron al destino presente, hiriendo a otros por el camino.

Este tema de las decisiones personales y su efecto en los que nos rodean se encuentra tambén en otro filme que vi esta semana; e inesperado por su procedencia:
“Click”, una fantasía con
Adam Sandler a la cabeza. Seguro, el filme de Sandler es inferior a
The Savages, pero el mensaje es similar: una vida satisfactoria está en lo que pasa por fuera de uno.
Sandler es Michael Newman, un arquitecto neoyorquino que persigue una promoción a socio del estudio encabezado por un arrogante y bien dispuesto David Hasselhoff (la actitud le sienta y el casting es inspirado). En esta búsqueda, lo que va quedando de lado es el tiempo con la familia, las cenas con los padres, los campings con los hijos, el tiempo con la esposa. Una noche, cansado y frustrado, Michael sale a buscar un remoto universal (nuevamente tratando de lograr un poco de control en las pequeñas cosas cuando las grandes se nos escapan) y llega a un Bed Bath and Beyond con mucho de Beyond.Allí conoce a Morty (Christopher Walken, en veta científico loco) que le da un remoto universal que en realidad controla el Universo personal de Michael.
El tema del control total es uno recurrente de la comedia (véase Bruce Almighty, sin ir más lejos), pero en “Click” rápidamente se transforma en otra cosa: una metáfora por el paso por nuestra vida persiguiendo falsas metas. El control rápidamente va aprendiendo del uso que le da Michael, dejándolo en piloto automático por horas, días, meses y finalmente años mientras hace fast forward a través de peleas, ocasiones familiares, duchas y todo lo otro que se pone en medio de perseguir su objetivo profesional. Y en cierto punto Michael ya no está a cargo del control, sino todo lo contrario: una metáfora brillante de como ciertos hábitos y decisiones cobran una fuerza en si mismas que es difícil romper.
El problema de “Click” proviene, sin embargo, de que es dos películas en una: en primer lugar es una parábola que utiliza la condición de hombre común de Sandler para desarmar nuestras defensas y pasar su mensaje; mientras que al mismo tiempo intenta ser una comedia de Adam Sandler, con su humor adolescente y escatológico - y este segundo aspecto parece haber sido una reacción tardía (extrañamente “Click” parece haber recorrido el camino opuesto a The Savages: aquél empieza como una comedia ácida, para luego cerrarse en drama - pero Jenkins tuvo el buen sentido de no oponerse al curso de los eventos). Es como si al haber visto el primer corte de “Click” y darse cuenta de que tenían una fantasía dramática con Sandler en su centro, los productores se hubieran puesto nerviosos y hubieran agregado una serie de gags que no agregan al - ni surgen del - movimiento de la historia: un vecinito molesto, un gag repetido hasta el cansancio del perro que “asalta” (por decirlo así) a un pato de peluche, alguna reacción descontrolada que permita mostrar a Sandler gritando y un epílogo feliz que solo quita al poder de la historia. Hay adentro de “Click” una buena historia, pero desgraciadamente a alguien le falló el pulso en el corte final y terminó disminuida.
Ambos filmes apuntan a la redención al fin y al cabo, con “Click” apuntando por el final feliz, mientras que “The Savages” toma el rumbo de la realidad entendiendo que todo cambio va a venir en pequeños pasos y va a llevar tiempo. Será por eso que sus personajes quedan, crecen en nuestra memoria y es posible ver como nos reflejan de maneras grandes y pequeñas. No es poco para dos horas de cine.
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